RIVERA, CON RENZI

RIVERA, CON RENZI
Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

No le ha debido de hacer ninguna gracia al secretario general del PSOE ver en los periódicos la fotografía de Albert Rivera con Matteo Renzi, el exprimer ministro italiano y líder del Partido Democrático. Fue en septiembre de 2014 cuando en su primera etapa al frente del principal partido de la oposición Pedro Sánchez posó en una imagen muy comentada con otros dirigentes socialdemócratas europeos, como el citado Renzi, el francés Manuel Valls, el alemán Achim Post y el holandés Diederik Samson, todos ellos con camisa blanca. Ahora, más de tres años después, cuando las encuestas sitúan a Ciudadanos como el partido con mejores expectativas de voto, el mediático exalcalde de Florencia no tiene problema en recibir al presidente de la formación naranja, a pesar de que el partido abandonó la socialdemocracia para abrazar el liberalismo. Un duro golpe para Sánchez, para el PSOE y para todos los analistas que desprecian el ascenso de Ciudadanos tratando de identificarlo con una ola ultraderechista y conservadora que habría llegado hasta las costas españolas. Ciertamente, el partido naranja es el que ha sabido capitalizar la reacción españolista que se ha registrado en todo el país a raíz del desafío soberanista catalán pero de ahí a identificarlo con la extrema derecha hay un abismo. Frente a las dudas y vacilaciones del PP y frente al juego de los socialistas que cambian su discurso según la comunidad de que se trate, la opción Ciudadanos como partido con un relato nacional sin complejos se ha ido consolidando.

El caso más reciente que viene a demostrar el problema que tiene el PSOE con el modelo territorial lo encontramos en Asturias, donde la actual dirección del partido -de obediencia sanchista- quiere impulsar la cooficialidad del bable, con el respaldo -cómo no- de Podemos y de Izquierda Unida. Una iniciativa en la que cuenta con el visto bueno de Ferraz, no así de otros líderes regionales del partido, como el aragonés Lambán, que se ha desmarcado de esta línea en unas declaraciones a ABC y ha asegurado que en su comunidad no se va a implantar la cooficialidad ni para la fabla -modalidades originarias de los valles del Pirineo- ni para el catalán de Aragón, el popularmente llamado 'chapurreau', que se habla en las comarcas orientales. Por si no tenía bastante con los líos por culpa de la lengua que en Valencia le montan sus socios (Compromís) y en Baleares su propia presidenta (Armengol), el PSOE se mete en nuevas y alocadas aventuras identitarias que tal vez le reporten algunos votos en las circunscripciones afectadas directamente pero que claramente le restan apoyos en toda la mitad Sur de España, en Madrid, en Aragón, en Cantabria y la Rioja. Y luego no quieren que Ciudadanos crezca en las encuestas.

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