La ristra de ajos

ROSA BELMONTE

Un día de pequeña diría en el colegio, fuera de clase, cualquier inconveniencia, palabrota o vaya usted a saber qué melonada. La monja más tonta que he conocido me ordenó besar el suelo. No besé nada. Me arrodillé y di un lametón a cámara lenta al piso. Bueno, supongo que fue un beso con lengua. Todavía recuerdo la losa rugosa. Una chulería. Bastante me daba a mí. Un tipo se acercó a Puigdemont con una bandera española y le pidió que la besara, cosa que hizo. «No tengo ningún problema». Ni vergüenza, dirán. El político huido será lo que sea, pero el niñato, con semejante numerito, no es mejor que él. Qué gracia llegar con una bandera española a Puigdemont como el que llega con una cruz y una ristra de ajos a Drácula. La neo Inquisición andante con teléfono móvil. Los que dejan cabezas de cerdo en los solares donde se van a construir mezquitas no son muy diferentes. Bastante le da a él. A Puigdemont. Quizá también la habría chupado.

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