Un riesgo creciente

Andar en Valencia por la acera es un continuo peligro

IGNACIO GIL LÁZARO

La última chorrada de Ribó y Giuseppe Grezzi consiste en afirmar que los coches expulsan de la calle a niños, ancianos y personas con dificultades de movilidad. Falso. En general el problema de fondo que sufre Valencia estriba en la rocambolesca incompetencia de estos dos personajes y su absurda visión ideológica de todo, incluido el tráfico, lo que ya de por sí resulta cómico. Un tráfico antes razonablemente ágil hasta que uno y otro decidieron ponerlo patas arriba a base de carriles bici y obras esperpénticas como las realizadas en la calle de Colón, las que quieren hacer en Antic Regne o esos proyectos de ampliación del anillo que han contado con el abrumador apoyo masivo de cuarenta y dos vecinos en el conjunto de las áreas previstas. El colmo es que además nos vengan con monsergas que nada tienen que ver con la realidad de las cosas. Hoy la auténtica amenaza para los viandantes no está en los automóviles ni en la calzada por la que aquellos circulan. Está en las aceras. Andar en Valencia por la acera es un continuo peligro. Un riesgo creciente para la integridad física de cualquiera. Ribó y Giuseppe Grezzi han convertido las aceras de Valencia en un espacio salvaje en el que el peatón está al albur de las bicicletas que le acosan a veces además soportando el aire faltón del que las lleva o incluso en pelotón numeroso como si fueran partícipes de una competición deportiva. Sucede así porque la autoridad municipal ha dado barra libre al ciclista que puede ir o venir como quiera y por donde le venga en gana. Ya dijo Giuseppe Grezzi en su momento que no sería obligatorio el uso del carril-bici después de haber gastado un dineral de los contribuyentes y poner patas arriba la ciudad. A partir de ahí ancha es Castilla para que el usuario de las dos ruedas se lance a las aceras en detrimento de la seguridad del viandante y de su derecho a transitar por ellas sin temor a sufrir daño o sobresalto. Pregunto: ¿qué responsabilidad van a asumir Ribó y Giuseppe Grezzi el día que un ciclista yendo sobre la acera atropelle mortalmente a un niño, a un anciano, a una persona impedida o a cualquier otro ciudadano como consecuencia de estarse permitiendo tamaña anomalía? Y sigo, ¿por qué es obligatorio que el motorista lleve casco y el ciclista no? ¿Por qué las bicicletas pueden circular a oscuras por la noche? ¿Cuántos ciclistas han sido multados por saltarse un semáforo en rojo? ¿Cuándo van a afectar los controles de alcoholemia y estupefacientes que realiza la Policia Local también a los ciclistas? ¿Por qué coches y motos han de tener matricula, seguro obligatorio y pagar impuesto de circulación y las bicicletas no? ¿Acaso los ciclistas tienen bula de Compromis para quedar exentos de cumplir las mismas obligaciones que se imponen a los demás vehículos y conductores que transitan por la vía publica? En fin, esto es lo que hay. Valencia sujeta al imperio de la bici sin ley que Ribó y Giuseppe Grezzi alimentan. Al menos, absténganse ambos de contarnos más trolas y paridas.

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