AL RICO EVENTO

RAMÓN PALOMAR

Gato negro o gato blanco, lo importante es que cace ratones. Y con los eventos lo mismo, por lo tanto bien podríamos decir lo de «evento blanco o evento negro, lo importante es que atraiga guiris y nos siga colocando en el mapa». En efecto, nos alegramos de la próxima cuchipanda del tenis en la plaza de toros porque supondrá recuperar protagonismo en la dura pugna entre las ciudades el siglo XXI que luchan por obtener su cuota de pantalla, de mercado, de cacho, de fama, de cruceros, de venta de souvenirs. Entre organizar un tenis lustroso y televisivo o la política alcachofera vitaminada de gestos chorras como abrir el balcón del ayuntamiento a la buena y ociosa gente o cerrar a la chatarra rodante la plaza mayor para instalar puestecillos medievales de todo a cien y disfraces de Cifesa, prefiero lo primero por aquello del bien común.

Ahora bien, manda huevos que los alérgicos a cualquier evento se decanten por fin ante la cruda realidad de promocionar una urbe aflojando pasta y esperando el difuso retorno. A su edad, acaban de descubrir la pólvora. ¿Y por qué se rinden ante el fulgor del evento, en este caso de raqueta y subidas a la red? Naturalmente por la foto. Demarra la campaña electoral y al político le chifla la foto junto a un deportista. Una foto con un científico o un escritor apesta por su carácter serio y porque al prosista o al del laboratorio no le conoce nadie. Esas fotos no conceden los galones de la fama y el glamur. ¿Pero con un deportista? Ah, eso sí mola. En cualquier caso, ya que nos hemos bajado los pantalones y el calzoncillo, ahora que nos hemos desvirgado en la lujuria del evento, convendría que arrojasen la caña de pescar para captar esa regata que se le ha escapado a Barcelona por su mala cabeza. Los eventos no son fachas, sólo genuino reclamo comercial.

Fotos

Vídeos