La revolución de las masas

Veinticuatro mil personas quedan a comer paella juntas y no nos enteramos; tiene que ser el milagro masivo de las redes sociales

Francisco Pérez Puche
FRANCISCO PÉREZ PUCHE

Veinticuatro mil jóvenes se dieron cita, el pasado viernes, en un solar de las afueras de Moncada. El Festival de Paellas Estudiantiles, que años atrás se hacía en el Grao, fue rechazado en 2017 por la ciudad de Valencia. Pero con las etiquetas de molesto y desagradable ha emigrado a otro punto del área metropolitana: Amparo Orts, la joven alcaldesa socialista de Moncada, lo ha acogido con los brazos abiertos y con todos los permisos. Aunque, como era de temer, va a cargar con las secuelas de un asunto de calibre colosal: la corporación de un pueblo que vive en parte de la educación está ahora en llamas a causa de los educandos.

Cito el episodio no porque quiera echar más leña al fuego del conflicto. Ni siquiera porque me interese saber si las que se cocinaron fueron auténticas paellas valencianas o alguna deslizó guisantes donde no debía. Lo que me asombra es la facilidad con que, en este tiempo, se producen concentraciones masivas de gente casi en secreto, clandestinamente, sin que el resto de la humanidad llegue a percatarse de que lo hacen, por qué ni para qué. Nada, los que ya no tenemos hijos universitarios, vivíamos en la ignorancia. Pero es que, además, tenemos la impresión de que ellos, los jóvenes, viven en circuitos, ámbitos y galaxias apartadas, que los demás no dominan, y en las que es imposible entrar.

¿Sabía usted que en Moncada había un Hard Rock Stage, con 25 metros de ancho, donde actuaron The Basement, Dany Marín, Ballesteros, DJ Jordan, Malen y otros muchos? No, no lo sabíamos. Y lo más grave es que ignoramos quiénes pueden ser y nos importa un bledo lo que cantan. Con todo, saber que hay 24.000 personas que pagan por escuchar a The Tripletz junto al cementerio de Moncada, no solo explica la ausencia de jóvenes en el precioso concierto que al atardecer hubo en el Palau, sino que nos pone un punto de inquietud. Cuidado, mucho ojo, porque aquí está pasando algo importante. Porque sí, porque te das cuenta que la dimensión Instagram existe y ellos están en ella; porque te haces consciente de que hay otros mundos inquietos e inquietantes, que los mayores no controlamos, y están en este.

El domingo, convencido de ser el único que disfruta con pasatiempos así de raros, me fui a la Marina, para ver la nao 'Victoria' de Elcano. No sé cómo la gente se entera de lo que me gusta, pero siempre se me adelanta. La cola para subir a bordo era kilométrica. Pero todos los aficionados al mar habían sucumbido ante la fuerza arrolladora de miles de mujeres con camiseta rosa que proclamaban la gloriosa batalla contra el cáncer de mama. ¿Cómo se enteran? ¿Cómo se conocen, tratan, estiman y se dan cita? Sin duda, es el demonio de las redes.

Me volví a casa sin poder estacionar. Un día, piensas, cien o trescientos, aburridos, quedarán de acuerdo en las redes y vendrán a por nosotros...

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