El resto de España

J. SÁNCHEZ HERRADOR

Además de un grave problema para la democracia española, el independentismo catalán va camino de convertirse en un empacho y en una ruina. El 2 de octubre, o después el 4 de octubre cuando Puigdemont quizás proclame en una huida hacia adelante la independencia de Cataluña, será el momento de restablecer la legalidad, de evaluar el parte de daños y también de especular con las posibles soluciones del problema, es decir, de las concesiones a los separatistas por la traición a la Constitución, a la ley y al resto de los españoles. De eso precisamente no se habla, de la mayoría de compatriotas, ciudadanos de España que cumplen las normas y pagan impuestos pero que seguramente abonarán la factura del Golpe de los radicales estelados.

Porque cada regalo, dádiva, favor o concesión que se haga a los independentistas, por ejemplo en forma de pacto fiscal, para que nos dejen tranquilos unos años y no se echen otra vez al monte será proporcional a lo que castellanos, valencianos, andaluces y madrileños tendrán que pagar por ser eso, el resto de España que sustenta la existencia del Estado y no genera problemas permanentemente. ¿O acaso hay que extraer la conclusión de que solo causando una inmensa trifulca podrás conseguir lo que presuntamente te corresponde? Lo curioso es que algunos, desconociendo que el dinero es finito y no se multiplica por arte de magia, tontean o directamente apoyan a los independentistas mientras piden más financiación sin entender que la cuenta de la juerga separatista la sufragaremos otras regiones españolas cuando el diálogo se imponga y tengamos que amansar a la fiera para que no se rebele de nuevo. Por eso dicen los independentistas que pase lo que pase ellos ya han ganado, y claro los que perdemos somos el resto.

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