Repensar la Revolución

La guerra por mi cuenta

El centenario de la Revolución Soviética brinda poco que celebrar, pero mucho sobre lo que reflexionar

CARLOS FLORES JUBERÍAS

Hay aniversarios que se celebran con júbilo. Y otros que se limitan a brindar una buena excusa para profundizar en el estudio del acontecimiento conmemorado. La Revolución Soviética, de cuyo estallido se acaban de cumplir cien años, no puede por su trágico legado contarse entre los primeros, ni por haber generado ya un elenco auténticamente inabarcable de estudios de todo tipo parece susceptible de dar mucho más juego en este otro plano. De manera que quizás lo procedente sería acometer este aniversario como una oportunidad no tanto para reescribir como para repensar la Revolución. Esto es: no tanto para fijar unos hechos que a estas alturas son suficientemente conocidos, como para reflexionar sobre su verdadero significado.

Obviamente no ha sido esta la postura de esa izquierda montaraz que se apresuró a desempolvar los viejos clichés que representaban a la Revolución como un paso de gigante en la emancipación del proletariado mundial; ni tampoco de esa izquierda socialdemócrata que ha preferido pasar de puntillas sobre un acontecimiento histórico en cuya gestación nada tuvo que ver, pero con cuyos herederos aun conserva inconfesables connivencias. Y, si mucho me apuran, ni tan siquiera de esa derecha que hace cuatro décadas renunció a toda confrontación ideológica, reduciendo su mensaje a la simple reivindicación de su eficacia en la gestión de lo público.

Pero por fortuna, sí ha sido esa la actitud de una nutrida nómina de historiadores -en la que no han faltado los españoles-, que en los últimos meses han adelantado valiosas reflexiones sobre cómo reinterpretar la Revolución Soviética en el centenario de su triunfo. Como las de quienes -con Stephane Courtois, Mira Milosevic, Juan Avilés o Ricardo Martín de la Guardia a la cabeza-, nos congregamos semanas atrás bajo la hospitalidad del Instituto CEU de Estudios Históricos para subrayar cómo la Revolución puso fin no tanto a la autocracia zarista como al incipiente experimento modernizador y liberalizador del Gobierno provisional instaurado en febrero; cómo la Guerra Civil no fue un obstáculo en el triunfo, sino una consecuencia absolutamente necesaria de la Revolución; o cómo un siglo más tarde todavía ésta es explicada en los libros de texto con una complicidad que sería impensable en el abordaje de cualquier otro sistema totalitario. O como las reflexiones del historiador de la Complutense José Faraldo que encabezan el monográfico de La Maleta de Portbou dedicada a analizar '¿Para qué sirvió la Revolución Rusa?'. Unas reflexiones que sugieren la conveniencia de poner sus reformas sociales en el contexto de la larga lucha de la socialdemocracia por la mejora de las condiciones sociales de los trabajadores, y su agresiva política exterior en el contexto de las luchas de poder entre los grandes imperios que habían dominado el siglo anterior. En efecto: poco que celebrar pero mucho que reflexionar.

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