JAMÁS NOS RENDÍAMOS Y AHORA YA VES

Una pica en Flandes

Lo peor de la Leyenda Negra es que nos la hemos creído en casa, algo que jamás se les ocurriría a ingleses, franceses o alemanes

ESTEBAN GONZÁLEZ PONS

Aquí, queda bien ser partidario de 'Juego de tronos', sangrienta saga inspirada en la guerra de las Dos Rosas, al tiempo que contrario al ejército español. Saberse lemas, genealogías y vicios de familias feudales de esa serie, pero despreciar el sufrimiento de los héroes reales que forjaron, con sangre y lágrimas, la historia de nuestra patria. Es más probable, por ejemplo, que, un alcalde de Podemos o Ciudadanos, dedique una plaza al guapazo norteño John Nieve que una calle al viejo Julián Romero, maestre de campo del Tercio de Sicilia, que, casi a los sesenta, después de haber dado una pierna, un brazo, un ojo, un oído, un yerno y un hijo, pidió el retiro a Felipe II y, por toda respuesta, fue devuelto a Flandes. El adanismo es la ideología de estos dirigentes de hoy que, por desgracia, son como salen en la tele. Esto es, detrás de su imagen, el aire o la pared.

Guste o no, pertenecemos al pueblo que creció combatiendo contra moros y repoblando una tierra seca que, en buena medida, permanecía desértica. El relato de nuestra Reconquista se parece al de la conquista del salvaje oeste. También nosotros tuvimos, en la Edad Media, vaqueros solitarios, caravanas de colonos, frontera sin ley, ganados trashumantes, bandidos y un Séptimo de Caballería compuesto por almogávares. Y después, aquella épica del sacrificio y la igualdad, se tradujo en credo de la mejor infantería que ha conocido Europa: los tercios de España. Cervantes, Lope, Garcilaso o Calderón, sirvieron bajo su cruz de Borgoña. Todas las virtudes que los tópicos nos atribuyen (resistencia, arrojo, honor, camaradería), provienen de aquel entonces. «¿Cuantos españoles lucharon?», preguntó un oficial francés, tras el anochecer de Rocroi. «Cuente, mi capitán, los muertos», respondió en español, precisamente, un muerto.

Costaba poner picas en Flandes. Para evitar territorios hostiles, nuestros tercios debían atravesar bosques y cordilleras. Se quitaban el frío bebiendo cacao, recién traído de América, y, curiosamente, por donde pasó aquel 'camino español', abierto por el Duque de Alba, de Suiza a Bélgica, aún se fabrica el chocolate más rico. Lo peor de la Leyenda Negra es que nos la hemos creído en casa, algo que jamás se les ocurriría a ingleses, franceses o alemanes. ¿Digo alemanes?, no hay más que verlos.

La decisiva batalla de Mühlberg se ganó porque once encamisados, con la espada en la boca, cruzaron a nado por la noche el Elba, pusieron en fuga a los arcabuceros rivales y tomaron el puente ante las narices de las huestes enemigas. ¿Son famosos? No, claro, son anónimos. Eran españoles, sólo eso. Ahora, unos profesores impulsan la campaña #31EneroTercios para erigir una estatua a los tercios de Flandes en Madrid. Yo me he alistado, pero pregunto: ¿No existía ya una? Madre mía, qué desagradecimiento, somos lo que viene después de la decadencia.

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