Releer a Boadella

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Pese a la gravedad del momento resulta inevitable no observar ese aire zarzuelero que, en ocasiones, envuelve la barahúnda que nos aplasta. Y así, nos fijamos en los detalles porque nos sirven de válvula de escape y la chufla nos hidrata las meninges. Desde luego el arrebato de la señora Martínez escamoteando las banderas españolas como quien descuelga las toallas playeras del tendedero supone un puntazo de intolerante caspa, pero prefiero el momento fotográfico cuando los miembros del gobierno catalán firmaban la aprobación del referéndum. Toda la pompa del instante supremo quedó rebajada cuando ese compañero se dedicó a retratar la rúbricas mediante su telefonillo, sin duda un instrumento que hemos pagado todos con nuestros impuestos, por cierto, que ya sabemos que a los padres de la patria grande o chica les sufragamos generosos su utillaje. Esas fotos en el trance de las firmas convirtieron el acto en una suerte de recuerdo dominguero de guiri aficionado. La manía de retratarlo todo para colgarlo en las redes arroja lo trascendental hacia el terreno de la banalidad que circula sobre el asfalto al son del insoportable 'Despacito'. Y justo cuando vi el alarde fotográfico, por una de esas extrañas asociaciones de ideas recordé el ensayo de Albert Boadella 'Adiós Cataluña'. Lo busqué entre las estanterías. Lo encontré. Es del 2007. Ando releyéndolo estos días. No se lo pierdan. Les aseguro que soy de risa difícil, sin embargo a veces suelto una carcajada. Boadella adivinó la que se avecinaba. Primorosamente escrito, dibuja a los nacionalistas catalanes, desde los años sesenta, de una manera lúcida, ácida, implacable y certera. Rezuman mediocridad. Abrazaron la causa para suplir su escaso talento. El problema, en efecto, estalla ahora pero nace hace décadas. Lean a Boadella y me cuentan.

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