RELÁMPAGOS CON COLA BLANCA

MIKEL PAGOLA ERVITI

Antepenúltima. La llovizna y el frío convirtieron el ambiente en desagradable tanto para Turís como para el público. Antifallero total. Lo ideal sería que las Fallas cayesen en abril en lugar de en marzo: ¿se imaginan el lujo de tener estas fiestas con buen tiempo garantizado de día y de noche? Demasié. Aunque ayer, lo del mal tiempo, nublado, le vino bien a Vicente Cervera Chulià: "al menos así me lucirán mucho los relámpagos rojos con cola que llevo al principio". Pues si. En su ascenso marcaban una bonita estela blanca y, una vez arriba, destellaban. Todos los fuegos aéreos a partir de aquí los hizo apantallados con cinco posiciones lineales entre Barcas y Correos, incluyendo los acompañamientos que las cuerdas de la mascletá llevarían por encima. Tras esos primeros flashes, vino un segundo tiempo con serpentinas y silbatos y un tercero ya con chicharras. Es decir, concibió bien la ordenación de la potencia de sonidos de menos a más: el inicio estroboscópico rojo casi no metió ruido (salvo con el goteo de truenos que llevaba de fondo), empezando súper suave, pasó a hinchar sonido con los pitos y, luego, a exagerarlo con las chicharras. Pero las sucesiones de disparos de cada parte quizá se desordenaban un poco al no coincidir los distintos tiros al mismo tiempo al rato de estar saliendo. Esta fue la tónica también en todo el fuego aéreo en general. Sin ningún marcaje previo encendió la mascletá propiamente dicha. Esta fue muy reposada, lenta y sin prisas, y constó de cinco cuerpos, el último de ellos con treinta grupos de masclets que reforzó con chicharras por arriba. El terremoto entró bastante bien, con cuatro ramales, pero lo hizo a la contra, no natural ni mecanizado, desde Marqués de Sotelo, hacia dentro, saltando la plaza. Su final llegó a doler -y no debería-. Siguió un bombardeo clásico, hubo un pequeño corte sonoro y empezó una rúbrica digital que quizá podría haberse ordenado más (sobre todo los truenos terrestres). La terminación aérea sí la marcó muy bien con un gran golpe unísono de serpentones y truenos, aunque quedó algún fleco.

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