La reforma de la ira

AGUSTÍN DOMINGO MORATALLA

Una de las condiciones que el PSOE puso al gobierno del PP para la aplicación del artículo 155 fue la creación en las Cortes de una comisión territorial que trabajara en el horizonte de una reforma constitucional. Esa comisión se reunirá todos los miércoles del presente mes de enero y ha comenzado con las declaraciones de Miguel Herrero, Miguel Roca y José Pedro Pérez-Llorca. Este último utilizó una expresión muy interesante para describir una reforma de la Carta Magna que se hiciera en estos momentos y de manera apresurada: «la reforma de la ira».

Aunque se conozca poco el proceso de gestión, redacción y elaboración de aquella constitución de 1978, si hay algo que caracterizó aquellos trabajos fue la ausencia de ira o deseo de venganza de unos españoles contra otros. Recibió el nombre de constitución del consenso y hay acuerdo para describirla como constitución de la concordia. No es difícil recordar la famosa canción 'Libertad sin ira' de Jarcha, que describe el clima social de aquellos años de reforma que se iniciaron en otoño de 1976 y culminaron en otoño de 1978.

Ninguna de estas autoridades aconseja iniciar un proceso constitucional porque reconocen que ahora no hay un consenso social tan grande como el que existía en aquel momento. Con diferentes matices y expresiones, consideran que el conflicto territorial y los desencuentros que está generando el 'Estado de las autonomías' pueden reconducirse con nuevos pactos, acuerdos o iniciativas políticas. Ninguno considera necesario cambiar la constitución para cambiar el modelo y los tres consideran que el marco constitucional heredado no impide reformas, acuerdos o iniciativas que modulen, configuren o conformen el texto del 78.

Las palabras de Pérez-Llorca cuando afirma «en la España de hoy hay mucha ira», son muy preocupantes y describen un clima socio-político que nuestros representantes políticos deberían revisar. No son juicios extraños o raros porque durante los últimos años algunos grupos políticos y determinados líderes se han encargado de echar leña al fuego de la opinión pública para que las nuevas generaciones hagan músculo político con sentimientos de ira, furia, resentimiento y venganza. Y no me estoy refiriendo a las ascuas soberanistas que siempre están debajo de estas brasas. Me refiero a la agresividad, vehemencia, tono y la actitud con la que algunos líderes del ayuntamiento de Valencia o del Pacto del Botánico siguen agitando a la opinión pública y enfrentando a unos ciudadanos contra otros. Además de las actas en el parlamento o el ayuntamiento, esta semana los juicios del Presidente Puig y la diputada Barceló sobre la trama Gürtel muestran más una voluntad de venganza que una voluntad de justicia, como si desconocieran aquella máxima evangélica: «quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra».

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