RECTIFICAR EL PASADO

MANUEL ALCÁNTARA

El pacto que sostiene el Gobierno se ha resquebrajado y amenaza con venirse abajo, después de aplastar a muchos de los que pasaban por el puente. Las relaciones del PP con Ciudadanos han ido de peor en mal, porque los dos aspiran al imposible metafísico de variar el ayer sin contar con el calendario. La tensión es tan alta que nos puede dar calambre a todos. Es cierto que están en una constante lucha electoral antes de las hipotéticas elecciones, pero se intercambian reproches que encubren insultos. Las encuestas señalan que la formación de Rivera crece y el PP mengua. No ha habido un acuerdo común para afrontar juntos la chulería secesionista de Cataluña, mientras el infatigable prófugo Puigdemont exige poder gobernar la autonomía desde Bélgica, en una notable exageración del mando a distancia.

Las dudas de ERC y de la CUP enturbian más el triste panorama de la llamada investidura telemática, pero no encontrar un acuerdo no significa que no lo haya, sino que no se ha sabido buscarlo. Mientras, nuestro ministro de Economía, Luis de Guindos, aspira al Banco Central Europeo en calidad de vicepresidente, pero sin dejar el Gobierno, ya que no dimitirá si no es elegido, pero no dice una palabra de lo que hará si no logra la plaza, ya que no depende sólo de él. La política es siempre rara, pero se enrarece más si se deja en manos de ciertos políticos, con el inevitable huido don Carles, inventor del patriotismo geográfico. «Los españoles no nos entenderemos nunca», me dijo Pemán frente a su apedreada estatua. Ni una queja personal, porque don José María era un caballero y sabía que lamentarse de las cuitas personales es cosa de bellacos. Ahora hasta lo han retirado de la nómina egregia de los galardonados con el Toisón de Oro. El pasado no es lo que era.

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