Los records de Trump

JOSÉ M. DE AREILZA

Nadie puede anticipar las decisiones del presidente Trump, tomadas con frecuencia tras pocos segundos de reflexión. Su afición a ser impredecible y llevar la contraria desbaratan los análisis y desesperan a los estudiosos de la política americana. Es un verdadero 'outsider': viene de fuera y se resiste a entrar en la lógica política de Washington. En el fondo, no quiere hacer de presidente de acuerdo con las reglas del juego y las expectativas que existen sobre el titular del trabajo más importante del mundo. En estos días atrás ha estrechado lazos con un Gobierno polaco, responsable de la deriva hacia el autoritarismo en su país y ha cedido protagonismo en la cumbre del G-20 en Hamburgo a la anfitriona, Angela Merkel. En su encuentro con Vladimir Putin ha contradicho sus anteriores declaraciones de amistad y admiración hacia el antiguo agente de la KGB. Durante sus primeros meses en la presidencia de Estados Unidos ya ha batido varios records. Ha dilapidado los índices de popularidad -no muy altos- con los que empezó su mandato, ha liquidado la capacidad de atracción o poder blando de su país en el exterior y no ha conseguido impulsar ni una sola de sus reformas -sanidad, inmigración, fiscalidad, infraestructuras o el muro con México-. Todas están atascadas en el Congreso o directamente yacen en la cuneta. Es cierto que su candidato al Tribunal Supremo, Neil Gorsuch, ha sido ya nombrado, su único éxito claro.

Otros dos records obtenidos por el presidente Trump son la acumulación de horas dedicadas a jugar al golf y el número de escándalos y casos de corrupción que afectan a su entorno más inmediato. El viernes pasado el director de la Oficina de Etica de la Administración dimitía, exasperado por la falta de respuesta del presidente a sus advertencias sobre conflictos de intereses. Con todos estos datos, cabría pensar que Donald Trump puede ser un presidente que no acabe sus cuatro años en la Casa Blanca o de un único mandato presidencial. Mucho depende del resultado que obtengan los republicanos en las elecciones legislativas parciales de noviembre de 2018. Si estiman que Trump es un lastre para ellos, pueden facilitar el juicio político o 'impeachment' buscado por los demócratas o presionar discretamente al presidente para que renuncie, o al menos no renueve su candidatura en 2020. Pero el magnate neoyorquino es un superviviente, está acostumbrado a vivir en crisis y los ataques le dan energía. Así que también puede ocurrir -digamos que hay un 30% de posibilidades- que remonte y logre estar ocho años como presidente. Dependería sobre todo de que los demócratas no supieran reinventarse y de que Trump empezara a leer los discursos que le prepara el ala moderada de su gabinete. También, de que delegase la redacción de sus tuits a un funcionario con la indicación de sustituir la furia por el aburrimiento.

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