El rebote de Mónica Oltra

FERRAN BELDA

El anuncio de Ximo Puig de que antes del verano -antes del 30 de junio, precisaron desde el Palau- va a dejar encarrilada la reincorporación de La Marina a la Agencia Valenciana de Salud tuvo una víspera y una octava, como el Corpus, que merecen ser comentadas. Especialmente la octava. La víspera, el primer capítulo de esta escalada verbal lo protagonizó la consejera de Sanidad Carmen Montón al curarse en salud afirmando que si el Hospital de Dénia no se integra en la red pública no será por culpa del Consell. Como queriendo decir, 'a mí que no me miren esta vez'. La octava, una nota que pasó desgraciadamente inadvertida, la dio Mónica Oltra al asegurar que es «muy pronto» para ir por ahí fijando plazos, ya que antes habrá que «hablar con la concesionaria y los trabajadores». Una corrección, un desmentido o una matización -táchese lo que no proceda- a lo dicho por Ximo Puig nada casual. Y en modo alguno achacable al desconocimiento. Oltra no da puntada sin hilo. Sabe perfectamente que Puig mantuvo un encuentro secreto con el presidente de DKV Seguros, Javier Vega de Seoane, accionista mayoritaria de Marina Salud, el 29 de marzo, ya que la cita acabó trascendiendo, como también trascendió la reunión que sostuvo con el delegado de Ribera Salud, A. de Rosa. No se le escapa por tanto que de aquellos polvos vienen estos lodos. Ni que quienes se burlan de ella porque no recibe a un contratista si no es en presencia de una carabina con varios trienios en la Administración se hinchan después a escuchitas público-privadas. Por eso le aconseja Puig que no se dé tanta prisa y da por no mantenido contacto alguno con la UTE concesionaria.

El obstáculo para que esta concreta reversión se complete sin mayores quebrantos continúa siendo, de todos modos, el mismo que cuando Puig declaró en 2016 que había que «abordarla con la mayor urgencia». DKV quiere desinvertir: venderle su participación a Ribera Salud o que el Consell se la quede si no permite tal trato. Y Ribera Salud hará lo que más le convenga, habida cuenta que va a continuar dependiendo de la Generalidad por su condición de concesionaria de las áreas de salud de Elche y Torrevieja. Pero si el acuerdo que propone el ejecutivo no resulta satisfactorio, una empresa u otra o ambas de consuno se resistirán. Y si les quieren hacer pasar por las horcas caudinas de compensar el importe de las acciones con las liquidaciones de los ejercicios pendientes de revisión, a modo de trágala, como está dando a entender Sanidad, se quejarán y la seguridad jurídica de la Comunidad Valenciana se resentirá. Como se resentirán las arcas de la Generalidad si el adelanto del vencimiento obliga a realizar un desembolso inasumible para la autonomía más manirrota de España. Por no hablar del monstruo societario que habrá que crear para asumir una parte o la totalidad de las acciones de la mercantil.

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