LA REALIDAD A KILÓMETROS DE TWITTER

Julián Quirós
JULIÁN QUIRÓS

Puig y Oltra presentaron esta semana un sólido estudio sociológico sobre la realidad valenciana en forma de barómetro que no queda más que elogiar. Frente a las marrullerías del concejal Fuset con aquella encuesta fallera de fin de verano, el barómetro de la Generalitat penetra a fondo en el estado de opinión de la Comunitat abordando un amplio marco de intereses. Sin trampas a la vista, lo que resulta inusual en nuestra historia política, donde el poder usualmente ha echado de comer a la prensa bodrios propagandísticos inconfesables en forma de sondeo electoral. Lo primero que se advierte es la gigantesca brecha. Allí donde la mayoría tuitera aparenta dar la razón al Consell, el barómetro se la quita. Lo que viene a suponer que la mayoría a secas, con sus preocupaciones reales y sus verdades, queda lejos de ese mundillo virtual de vanidades exclusivo de periodistas donde los distintos grupos de interés, especialmente los partidos políticos, ponen en circulación sus montajes, estrategias, intereses y toda suerte de propaganda. Lo gracioso es que políticos y periodistas se han acabado creyendo que esa plataforma digital era la nueva realidad, incluso que la realidad anterior había desaparecido. Se creen el autoengaño de las redes y la frivolidad de sus códigos hasta que de cuando en cuando les cae encima del pie un barómetro extraído de la realidad auténtica.

Los resultados del estudio debieran ser un programa de gobierno para cualquier político sensato, pero en todo caso resultan un diagnóstico con mucha enjundia sobre las aspiraciones del pueblo valenciano. En primer lugar, queda claro que a la administración autonómica se le exige sobre todo eso, administrar, gestionar, se ve de lejos que su ámbito natural de actuación debiera estar pegado a la atención de los servicios públicos y no tanto a las banderías e ideologización de los últimos tiempos. El barómetro ni por aproximación refrenda las principales líneas políticas del tripartito, tampoco las combate, pero les quita toda relevancia. Y esto es justamente lo peor de todo; que las ignora. En la cabeza de los valencianos no están esas cuestiones tan batalladas en las redes acerca de la reversión hospitalaria, la pugna con Rajoy por la financiación autonómica o el aumento de las clases en valenciano. Y, curioso, sorprende que se les haya olvidado preguntar acerca de À Punt después de tanto afanarse en reabrir la televisión pública, desde luego hubiera sido arriesgarse a una respuesta que diera la puntilla deslegitimadora al proyecto.

A la gente le preocupa lo obvio; el paro, la sanidad y la educación. El Consell dirá que justo como a ellos, pero el tipo de preocupación de unos y de otros no transita por las mismas vías, como se verá enseguida. Y lo primero que llega es un jarro de agua fría. Los valencianos piensan que la situación general no ha mejorado ni empeorado. Puig y Oltra no pueden sacar pecho: el grupo más numeroso, casi la mitad, cree que el Consell de los milagros no ha conseguido elevar el nivel de vida de la gente y los que creen que sí (un 28%) curiosamente son muchos menos de los que votaron a las tres fuerzas aliadas en la convocatoria del 2015. Ojo, lo mismo se puede decir al contrario, ni siquiera todos los votantes del PP piensan que la situación haya ido a peor con los nuevos gobernantes. En definitiva, en la calle ‘la cosa’ está como siempre. Todo un mazazo para los profetas del cambio y del renacimiento valenciano, que reciben una nota de «regular» y «más o menos como esperaba». Una de cal y otra de arena; la ciudadanía no reconoce aciertos pero tampoco señala empeoramiento y valora las buenas intenciones: el 60% cree que el Consell al menos intenta resolver los problemas, pero le falta tiempo o recursos. Las buenas intenciones como se sabe son gratis, por eso cuentan poco a la hora de votar. Menos lobos, pues. Otro dato más, asombroso: sólo dos de cada diez encuestados saben que la Generalitat está gobernada por un pacto de PSPV y Compromís; ocho de cada diez sencillamente están en la luna; ocho de cada diez quedan a kilómetros de las soflamas de Twitter. Se piensa por otra parte que los partidos que defienden mejor los intereses de la Comunitat son Compromís y PSPV, el PP les sigue de cerca, pero el dato más contundente es que en realidad el partido que mejor defiende a la Comunitat es «ninguno» (duplica a los demás). A la vez, la mayoría achaca a este Consell que no sabe defender esos intereses nuestros.

Lo gracioso es que políticos y periodistas se han acabado creyendo que esa plataforma digital era la nueva realidad

Queja evidente sobre el trato recibido de Madrid, pero esto no es nuevo ni unánime. Por eso, los valencianos tienen una quincena de prioridades por delante de conseguir una mejora de la financiación o de las infraestructuras estatales; lo que en definitiva significa que esta prioridad no tiene nada de prioritaria. Demoledor para el conseller de Hacienda, Vicent Soler. Demoledor también para su colega Carmen Montón que la reversión de los conciertos sanitarios sólo sea una prioridad para el 16,8% de los encuestados; el 83,5% lo que pide es reducir las listas de espera. Demoledor para el independentista Marzà que sólo el 14,4% pida aumentar la enseñanza en valenciano frente al 49% que reclama hacerlo en inglés o el 68% que quiere bajar las tasas universitarias. Demoledor para Gabriela Bravo que la memoria histórica sólo preocupe al 17,7% frente al 79,2% que apuesta más por rebajar los costes de litigar o quienes están en que haya oficinas de atención a las víctimas o mejores juzgados. En resumen, la gente cree que tenemos rematadamente mal la agricultura, la dependencia y el empleo. Que estamos mal tirando a regular en educación, justicia y vivienda. Regular a secas en industria, sanidad, servicios sociales y transparencia. Y de regular a bien en carreteras, cultura, medio ambiente, lucha contra la violencia machista y transporte público. Y bien, lo que se dice estar bien, tenemos al turismo. Y punto.

Si quieren sacar algún provecho, la enseñanza queda bien a la vista: hagan caso al barómetro y aléjense de Twitter. Porque por último ahí sigue, presente como una roca, un dato incontestable, apabullante. El 62% de los valencianos se consideran tan valencianos como españoles. No debieran seguir jugando, la identidad compartida a partes iguales permanece clarísima y despejada. Los aliados de Compromís que tanto ruido meten en las redes, esos que se consideran sólo valencianos y nada más, no representan más que el 1,6% de la población; incluso aquellos que se consideran sólo un poquito españoles, poquito pero sobre todo muy pero que muy valencianos son el 3,8%. Aunque ahora casi todos disfruten de sueldo público, ciertamente fuera de Twitter son un colectivo residual. No deberían olvidarlo nunca, los demás desde luego no lo hacemos.

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