El rastro de la basura

El dinero viaja como una ficha de parchís global, saltando de casilla en casilla

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

El rastro de la basura revela la intimidad de nuestra rebotica. Hace años descubrimos el fenómeno de esos fans fatales, con vocación de merodeador nocturno algo enfermito, que destripaban las bolsas de basura de las estrellas de Hollywood para cotillear los apetitos de sus dioses y conseguir fetiches con los cuales decorar sus hogares. Un preservativo usado por Bruce Willis o los restos de pizza mordisqueados por Julia Roberts se consideraban cotizadas piezas de caza mayor.

Las pesquisas para atrapar fechorías relacionadas con las corrupciones económicas funcionan bajo la máxima de «sigan el rastro del dinero.» El dinero viaja como una ficha de parchís global, saltando de casilla en casilla y «me cuento veinte», brincando de paraíso fiscal hacia empresas pantalla y testaferros de pacotilla y todo eso. Para husmear los recovecos de nuestros gustos y manías sólo nuestra basurilla, esas escoria que representa las escamas perdidas de nuestra alma, certifica nuestra genuina personalidad. El valenciano Javier Sánchez ha logrado una prueba de paternidad que apunta hacia Julio Iglesias, su presunto padre. Un detective con espítiru de Ray Donovan recogió los detritus del clan Iglesias para conseguir ese ADN que es como el ojo que todo lo ve. La basura personal como pista eficaz y prueba de vida. Algún periodista de investigación con frenesí de incansable roedor debería incrustar su napia en las basuras de nuestros amados líderes. Seria imposible, pero como es sábado y el bochorno climático nos aplasta, ¿se imaginan que descubren botellas de champán a Pablo Iglesias y restos de canutos de marihuana a Montoro en sus respectivas bolsas? Me extrañaría, desde luego, pero el que sea capaz de superar la prueba de la basura que arroje la primera lechuga mustia. Somos una sociedad cimentada en la pura basura.

Fotos

Vídeos