El rascar se va a acabar gracias a Isaura

FERRAN BELDA

Saber que Isaura Navarro (Compromís) presentó hace un año una proposición no de ley por la que solicita la creación de una comisión mixta sanitario-educativa de largo recorrido para la erradicación de los piojos me ha quitado un gran peso de encima. Lo crean o no, me cuento entre sus admiradores. Y me tenía preocupado. Entre que se formó un escándalo de mil demonios cuando trascendió que optaba a una plaza de letrada de las Cortes siendo diputada, una nimiedad entre tanto enchufismo, como ella misma arguyó, y que su actual formación está desaprovechando su enorme potencial político al tenerla reducida a la simple condición de culiparlante, parecía la princesa de la sonatina de Rubén: «pálida en su silla de oro». No descollaba. No salía a la palestra. Era evidente que, acostumbrada como estaba a ejercer de observadora en convocatorias electorales internacionales en sus tiempos de secretaria 4ª de la mesa de las Cortes Generales por IU, no es que el Palacio de Benicarló se le estaba quedando pequeño. Es que la reclusión en un hemiciclo tan estrecho como el autonómico, jaula de oro en cualquiera caso para una persona con sus inquietudes, amenazaba con provocarle una estereotipia de caballo, como a Rómulo, el rinoceronte de Viveros. Por eso, y a diferencia de otros, no he podido más que celebrar que se brinde a emular a Pilar Mateos. Consciente de que mientras investiga parlamentariamente a los piojos no se meterá en más líos. Acuérdense de cuando se llevó a su novio a Lima, lo hizo pasar por comisionado, pidió a la embajada que lo llevara de acá para allá en coche oficial y lo coló hecho un adán en una reunión con el canciller peruano donde entrambos avergonzaron al resto de la delegación con sus gestos e impertinencias. Lo cual no quiere decir que de tarde en tarde aparezca como promotora de marchas en favor de la marihuana o aliada circunstancial de cualquier Raül Romeva, como es 2006. Pero ya va a ser más difícil que provoque incidentes diplomáticos. O que la espíe la policía secreta de cualquier país extranjero, como le ocurrió con la colombiana. Justo es reconocer que con todo merecimiento: participó en actos en favor de los derechos humanos de la (narco)guerrilla en Bogotá y en Valencia, intervino en mítines de apoyo a la revolución bolivariana en Caracas e impulsó la iniciativa parlamentaria que detuvo el envío de carros de combate españoles a Colombia. Con todo y con eso, un análisis imparcial de su carrera demuestra que no todo lo ha hecho mal esta protopodemista y chavista desde antes de que Monedero empezara a trabajar para Hugo Chávez. En Villalar de los Comuneros la llevan en andas por defender el derecho de Castilla y León a ser considerada una nacionalidad histórica. Y para los 'granotes' siempre será la diputada que consiguió que el Congreso instara a la FEF a reconocer al Levante UD como ganador de la copa de España de 1937.

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