Quita y pon

No es coherente pedir financiación y aplicarla en 'nacionalizar' hospitales o hacer un parque temático para gatos

Francisco Pérez Puche
FRANCISCO PÉREZ PUCHE

Los 'ex' catalanes que dormían en prisión no han podido pasar el fin de semana en casa; querían emplearlo en poner el pesebre con un 'caganè' de Trapero uniformado, pero la Justicia decidirá mañana. A lo peor, vaya usted a saber, los políticos salen beneficiados por una actitud de reconciliación, y a los simples bomberos, que en su día dirigieron el cotarro en los pueblos catalanes, se les cae el pelo por una sanción.

Adviento, anuncio de la Navidad. El 'Cant de la Sibil.la' se demora en Valencia pero es a causa de la agenda del maestro Magraner: la profecía solemne llegará a tiempo, como el gran perdón. Es así como los políticos olfatean que tras la tormenta catalana no puede venir otra cosa sino la extendida gracia de una quita y se disponen a poner la cara mejor y más mohína, el rostro inocente del que aspira al perdón:

-¿De cuánto sería la quita, señor Montoro? ¿Cinco, diez mil, quince mil millones? No merecemos tanto, señor ministro, !qué exageración!

Miquel Iceta, uno de los tres o cuatro socialistas sensatos que quedan en España, ha destapado la redoma del perdón financiero. Si Cataluña está intervenida de hecho, si es el Estado el que aplica los duros gestos del ahorro en tonterías ¿por qué no aprovechar la oportunidad y pedir una limpieza de bajos? En Valencia Vicent Soler y el presidente Puig no piensan de modo diferente. Pero solo dejando que Montoro haga el trabajo sucio de cortar gastos inútiles, se podrá conseguir que se percate de lo mal financiada que está nuestra autonomía.

Ha de haber quita, pero también se necesita un pon. Porque, seamos sensatos: cuela mal, y de hecho no cuela, esa imagen de pedir dinero y despilfarrarlo a la vez. Pedir buena financiación y emplearla en pagar indemnizaciones a hospitales que se 'nacionalizan', no cuadra. Es como el Ayuntamiento, que aspira a los beneficios económicos de la capitalidad y luego emplea el dinero en subvencionar el independentismo o crear un parque de atracciones para gatos. Quita y pon. La coherencia, y un poquito de arrepentimiento, es lo más adecuado para el que aspira a recibir los beneficios del perdón.

Queda todavía mucho enfado, pero es verdad que conforme van pasando las semanas se olvidan aquellas horas amargas de hace dos meses, con una Guardia Civil honorable que no quiso ser evacuada por el tejado, como los de la embajada americana en Saigón. El olvido es la mejor embajada del perdón. Que como habrá de llegar, antes o después, convendría ir hablando de él de cuando en cuando, durante la campaña electoral o en el Día de la Constitución.

Perdónanos nuestras deudas. Las financieras, pero también las constitucionales. Fue un exceso febril ¿comprende? Antiguamente, los políticos y sindicalistas encarcelados se presentaban a las elecciones para recuperar la libertad: si salían elegidos era costumbre aplicarles el indulto. No hay nada nuevo.

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