Se quiso votar el fin de España

Una pica en Flandes

La semana que empieza será muy complicada. Al viento le digo que no es nosotros o ellos, es nosotros o nosotros. Todo o nada.

ESTEBAN GONZÁLEZ PONS

Ayer nuestra patria vivió su día más difícil desde que tengo memoria. El gobierno catalán propició un referéndum contra la Constitución y la policía autonómica bajó los brazos antes quienes actuaban vulnerando la ley. Vimos urnas opacas que llegaban a los centros de votación llenas ya de papeletas, ciudadanos que votaban hasta cuatro veces y niños o ancianos utilizados como escudos para obstaculizar el cumplimiento de mandatos judiciales. La propaganda independentista presentó como vulneración de derechos humanos que las fuerzas del orden garantizasen la aplicación del Estado de derecho. Hubo tensión y desgarro.

Diré tres cosas obvias que, sin embargo, por desgracia, parecerán novedades frente al falso debate propiciado por los extremistas. Primera, los españoles de la presente generación somos los seres humanos que mejor han vivido aquí desde que nuestra especie bajó de los árboles. Nunca nadie antes disfrutó de tanta democracia, seguridad, sanidad, pensiones, educación o protección social como ahora. Y paz, también paz. Nos hemos acostumbrado. Los niños y niñas nacidos en 1977 han cumplido 40 años con un nivel de vida desconocido en la historia española, equiparable al de los países más prósperos. Poner eso en riesgo es una irresponsabilidad, además de un suicidio absurdo. Segunda, la hipotética independencia de Cataluña significaría el final de España. ¿Alguien cree, de verdad, que si Cataluña se independiza el resto continuaría unido? ¿No seguirían movimientos similares en la Navarra de Uxue Barcos o el País Vasco, por ejemplo? ¿Y después? La independencia de Cataluña conllevaría la derogación de la Constitución del 78 y, algo así, deberíamos decidirlo entre todos. No nace una nueva nación sin que se destruya, rompa o divida aquella de la que formaba parte. Están jugando alocadamente con el futuro de decenas de millones de personas.

Y tercera, constituye una idiotez defender la independencia de Cataluña desde Valencia, como hace el presidente de las Cortes Valencianas y su partido Compromís. Una Cataluña fuera de la Unión Europea arruinaría y desconectaría a la Comunidad Valenciana. Arrastraría a los valencianos en su fundido a negro. Sólo desde una complicidad servil con la liquidación de España o desde el analfabetismo político funcional, anteponiendo otros intereses fantasmales a los nuestros, se puede apoyar a los independentistas catalanes en Valencia. No entiendo que no lo entiendan. O sí.

La semana que empieza será muy complicada. Reclamo, al que corresponda, sensatez, prudencia y cabeza fría. Pensad en cuánto podemos perder antes de hacer una tontería irreversible. Proclamar unilateralmente la independencia de Cataluña y, por tanto, el principio del fin de España, tiene dolorosísimas consecuencias. Al viento le digo que no es nosotros o ellos, es nosotros o nosotros. Todo o nada.

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