El quiosco de Salva

JOSÉ MARTÍ

Ayer me desvié de mi camino para pegar un rato la hebra en el histórico quiosco de Salva y analizar la actualidad granota. En su garito verde, a mitad de la calle Navellos con Samaniego, en la peatonal que une la Plaza de la Virgen con el río, solo caben él, un cliente y un tema de conversación, en este caso nuestro Levante UD que tanto nos hace padecer. Debe medir 5,624 metros cuadrados aproximadamente, el quiosco digo, aunque si descontamos las estanterías, el mostrador, el taburete, el falso techo que hace de almacén con su escalera plegable y todos los periódicos y revistas, apenas queda sitio para moverse. El lugar demanda los gestos precisos, ni uno más. Todo está tan ordenado y medido que, si tienes el privilegio de ser invitado a entrar, al moverte tienes miedo de descolocar algo. Muchos clientes no acuden simplemente por el periódico o las revistas, salvo los guiris que compran postales, sino a comentar. Salva conoce bien a su clientela. No sé los años que debe llevar con el negocio. Cuarenta como mínimo. Ni tampoco la cantidad de gente que se para a charlar, pero este tipo es tan institución como las vecinas Cortes Valencianas. Por las tardes se transforma. El quiosco, digo. El templete de la información, en lugar del mirador privilegiado de las mañanas desde donde se ve el transcurrir de la ciudad, parece -cerrado como un búnker- un cubo abandonado por efecto del grafiti.

La experta mirada granota de Salva es pesimista. Desde siempre. Hace unos años, tras un ascenso, harto de soportar mal juego desde su localidad en una esquina de Gol Orriols, desertó de la militancia activa de la grada y le pasó el testigo a su hijo. «Con ese barraquero en el banquillo, juegan muy mal al fútbol, siempre amarrando el empate a cero», sentencia del equipo actual. «Ahí no hay quien marque gol», comentaba ayer tras la última ocasión de Nano en Málaga. «Y menos que habrá», le advierto, «porque Enes Unäl se va seguro tras las lesiones de Bacca y Sansone en el Villarreal». La plaga de la mala suerte va más allá y ya hemos logrado que se extienda hasta otros equipos. Parece que nos ha mirado un tuerto pero, como apuntó Voltaire, «mientras más nos detenemos en nuestras desgracias, mayor es su poder para hacernos daño». Deberíamos ver estas circunstancias como una oportunidad. No hace falta buscar jugadores por medio mundo. Solo hay que mirar en casa. Si la defensa se ha cubierto con Shaq Moore y el medio campo con notable éxito por El Hacen, potente jugador de 19 años, ¿por qué no recurrir también, cuando marche el turco, al equipo filial líder en Tercera para cubrir la delantera con chavales de brillante trayectoria y un futuro prometedor como Joel Rodríguez, también de 19 añitos? Salva coincide: «La solución está en Buñol». ¿Por qué no?

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