La quinta columna

CÉSAR GAVELA

La quinta columna valenciana de la sedición catalana anda muy excitada en estos días cruciales, muy conmovida e intensa. Algunos de sus miembros hasta creen que la independencia del Principat es algo que podría suceder y todo. En ese caso, cuando los catalanes lograran romper con seiscientos años de vínculo con el resto de España, empezaría un nuevo tiempo en Valencia. Empezaría la felicidad de los 'països'. La quimera que definió mejor que nadie, hace ya más de medio siglo, Joan Fuster.

Varios miles de valencianos, tal vez decenas de miles, creen en la fantasía anexionista. Una buena parte de estas personas son docentes. Pero hay más caladeros sociológicos. Por ejemplo, el del adusto sindicalismo nacionalista. Sin olvidar a unas gentes muy radicales, de diversos fanatismos, que pese a reclamarse de izquierdas, sucumben con estrépito ante la llamada de la falacia identitaria. Nada más estúpido que ver a presuntos antisistema, a esa gente cuya única patria es la algarada y la destrucción de la democracia, suscribir los planteamientos ultraconservadores de todo nacionalismo. De su esencia insolidaria y mendaz. Y en el caso del nacionalismo catalán, de su insufrible e histórico complejo de superioridad sobre el resto de España. Que ahí está una de las claves del secesionismo: considerar una panda de vagos, leguleyos, ladrones y pobres diablos al resto de los ciudadanos de la nación. Mesnadas de gentes de medio pelo que no tuvieron la fortuna de nacer en las familias pijas de Cataluña de donde vienen muchos líderes de ese nuevo fascismo aglutinado bajo la mentira pintada de colorines del inexistente 'derecho a decidir'. Ese 'derecho' que, por ejemplo, podía llevar a los habitantes de Benidorm a decidir salir de España y convertirse en un nuevo Mónaco, con Fórmula I y todo, con su paraíso fiscal y sus joyerías carísimas.

La quinta columna valenciana también aglutina a pequeños empresarios muy ideologizados, a veces altamente agresivos en sus expresiones verbales. Y no nos olvidemos de ciertos clérigos de la legua y de la lengua que siempre suelen sucumbir al encanto de las grandes calenturas sociales. La quinta columna, en fin, tiene su sector más relevante y oculto a la vez, en ciertos despachos políticos. Donde también se sueña con los 'països' aunque nunca lo confesarían públicamente sus soñadores.

Ahora bien, el gran problema de esta quinta columna es que no logra ensanchar su círculo. No logra convencer a nadie. Es un colectivo de personas tan iluminado como incapaz de crecer. Es más, probablemente son ahora los mismos, en número, que en 1977, el año de la gran eclosión nacionalista valenciana. Y siguen ignorando que para una Cataluña independiente, Valencia sería un lugar tan colonizable como mirado por encima del hombro. Poblado por gentes de segunda categoría.

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