QUEMAR RESTOS DE PODA... O TRITURARLOS

VICENTE LLADRÓ

A los agricultores que están habituados a la cómoda (y arriesgada) tarea de quemar los restos de ramas de poda, les viene mal que en ocasiones se prohiba tal práctica por seguridad, para evitar incendios.

Tal cosa suele pasar cuando las circunstancias ambientales y meteorológicas así lo aconsejan, como ocurre ahora mismo, aunque lo más habitual sea en verano, adelantándose la medida desde Pascua, por ejemplo, y prolongándola hasta bien entrado el otoño, si es que no llueve.

Ahora, en pleno invierno, puede parecer raro, pero es que sigue sin llover por aquí, está todo seco, y resulta muy razonable que se impida encender fuego en zonas forestales y en franjas de 500 metros alrededor de las mismas. Recuerden, siempre es mejor prevenir que ir corriendo a apagar (sin conseguirlo) lo que acaba convirtiéndose en fuego pavoroso.

La última decisión de la Conselleria de Agricultura y Medio Ambiente, estableciendo tal prohibición de manera indefinida, mientras se mantengan las condiciones desfavorables (ausencia de lluvias y proliferación de situaciones de viento, sobre todo de poniente), ha sentado mal en ámbitos agrícolas habituados a la rutina de quemar restos y rastrojos a conveniencia. Pero no debieran sorprenderse cuando lo que se busca es un bien general muy superior: eludir situaciones de riesgo que tantas veces, por negligencias o descuidos, han derivado en desastres.

Lo más curioso es que cuando se le rebate a algunos de los agricultores más empecinados que no se ve mal tal prohibición, si es que hay riesgo evidente, apelan a que la medida les perjudica, porque no pueden terminar sus trabajos conforme proyectaron, y a que no se les habilitan alternativas.

Alternativas, desde luego, existen, y, en cualquier caso, frente al peligro potencial de que haya incendios forestales (o no forestales), un agricultor, y cualquier persona o profesional de lo que sea, ha de asumir que el ejercicio de sus trabajos en buen orden compete a uno mismo, sin que tenga que interferir en los intereses de los demás, ni mucho menos esperar que otros le salven el capricho. Si no se puede por causa mayor, no se puede.

Pero es que, además, hay alternativas. Para empezar, no hace falta tanta prisa, estamos a mitad de enero, queda tiempo por delante para podar frutales, y mucho más si son naranjos. Espérense a que cambie el tiempo y se levante la prohibición, que, por cierto, no es indefinida, tendrá fin, y se limita al monte y alrededores. También pueden podar y aguardar a que sea posible quemar sin riesgo. O, mejor aún, pueden triturar los restos. Es barato y seguro. ¿Que no tienen trituradora? Claro, pocos la tienen , pero hay profesionales que hacen la labor rápido y a precios convenientes. Y sin peligro de incendio.

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