Puigdemont, el más listo... por ahora

En La Moncloa tienen mucho que aprender de las tácticas con las que el catalán lleva meses burlándose del Estado

CURRI VALENZUELA

Tranquilos. Aunque muchos españoles nos sintamos burlados, otra vez, por Carles Puigdemont, el cabecilla de los secesionistas catalanes, de paseo por Copenhague, la Justicia acabará por poner en su sitio al ex presidente de la Generalitat. Tardará, porque es lenta. Pero quizás antes de que acabe este año será juzgado, seguramente en ausencia, por graves delitos -malversación, sedición y rebelión- que pueden mandarle a prisión con una condena de más de treinta años.

El juez Llarena de la Audiencia Nacional se rige por criterios jurídicos, pero por lo que estamos viendo lo hace también con razones políticas más acertadas que muchas por las que se ha guiado en los últimos meses el gobierno de Rajoy. De haber aceptado la petición del Fiscal para cursar una euroorden que detuviera a Puigdemont a su llegada a Dinamarca, se habría expuesto a dos posibilidades nada atractivas para que la Justicia actúe contra él como se merece: una, que ese país ignorara la euroorden; dos, que de haber sido detenido y enviado a España se le habría abierto el camino para que sea elegido presidente de Cataluña en la próxima sesión de investidura.

Son muchas disquisiciones para esa mayoría de españoles que llevan meses deseando ver a Puigdemont detenido y esposado. Al fin. Pero el precedente creado por Llarena con Junqueras, a quien permitió delegar su voto en la sesión de constitución del Parlament, sería un favor que el juez no quiere regalar al expresidente. Si puede votar a través de otro diputado saldrán las cuentas para que resulte elegido. Y en cualquier caso la polémica que mantiene su partido con ERC y la CÚPULA sobre si debe ser de nuevo investido presidente acabaría de inmediato.

Puigdemont tiene buenos asesores y mejores abogados. Cuando la semana pasada amagó con viajar a Francia, anuló su proyecto en cuanto escuchó a un portavoz del gobierno de Rajoy amenazarle con pedir su detención. Los franceses no juegan con esas cosas, como los daneses. En La Moncloa tienen mucho que aprender de las tácticas con las que el catalán lleva meses burlándose del Estado español, desde aquel día que, tras proclamar la independencia, se fugó del país mientras nuestros servicios de inteligencia le perseguían con un dron gracias a que cambió de coche debajo de un puente.

La burla continúa y seguirá durante un tiempo. En unos días se celebrará la sesión de Investidura en la que ya no quedan dudas de que se va a votar a Puigdemont, como ayer propuso el nuevo presidente del Parlament. Para ello los independentistas tendrán que modificar el reglamento. Sin problemas. Ya se lo han saltado cuando les pareció conveniente para sacar adelante la declaración de independencia. El que el gobierno de Madrid les amenace con casi penas del infierno vale para nada. El procés sigue. La aplicación del 155 tendría que continuar. Creer que fue eficaz para contener la secesión resultó ser un sueño. Sólo saber que la Justicia triunfará al final sirve a los españoles de bien de consuelo.

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