Puig se hace montonero de Montón

FERRAN BELDA

Es posible que algunos confundieran el deseo con la realidad y que las ganas del presidente del Consell de desembarazarse de la titular de Sanidad no fueran tan irresistibles como se creyó en algún momento; porque lo dio a entender él. No lo duden. También es factible que las encuestas o el temor a que la consejera de Sanidad permanezca todavía bajo el amparo de la gente de Pedro Sánchez hayan convencido a Ximo Puig de que no merece la pena arriesgarse a tener un disgusto por un asunto, el del hospital de Alzira, que, como ha demostrado sobradamente, ni le va ni le viene: el suyo es el de Vinaroz, y bien que se está notando. Pero que durante casi tres años no se ha hablado de otra cosa más que de la inminente destitución de Carmen Montón por la perra que había cogido con el dichoso hospital no me lo estoy inventando yo para aguarles la Pascua. Se han publicado docenas de noticias, análisis, comentarios y hasta especulaciones en este sentido. Las hemerotecas rebosan titulares como 'Puig planea remodelar el Consell para fulminar a Montón'. ¿Cómo no iba a resultar sorprendente que tres días hábiles antes de que se consumara la reversión Puig se hiciera 'montonero' por la mañana y se las diera de poli bueno por la tarde al convocar urgentemente «a las partes» para «limar asperezas» (sic), como si él no guardara la menor relación con una de ellas? Si les sirve de referencia, yo, por lo menos, estoy que no salgo de mi asombro. Mira que he tenido ocasión de verle hacer quiebros y requiebros, pero éste me tiene especialmente anonadado. Porque hay que tener mucho cuajo para reivindicar ahora como propia la 'nacionalización' y empezar a elogiar a Montón por «la tranquilidad, serenidad y diálogo» con que ha gestionado el proceso, olvidándose de que ha suplido con denuncias extemporáneas la ausencia absoluta de control administrativo de la concesión. Pero para pretender situarse 'au-dessus de la mêlée' entre Montón y Ribera Salud, empresa a la que no se había dignado a recibir desde que accedió a la presidencia -¡con la de veces que se cita con otras y lo bien que le ha venido que trascienda que dos de sus consejeras no entienden la bondad de la colaboración público-privada!- hace falta algo más. Es menester ser de una pasta especial. Pero no me hagan mucho caso porque entre mi interpretación de esta jugada y la de algunos de mis 'compi prensis', que diría la excolega Letizia, hay un mundo. Sirva como ejemplo ésta: 'Puig reúne a Montón y a De Rosa para pacificar la reversión', 'diluir la beligerancia entre ambos' y 'tender puentes entre Sanidad y Ribera Salud'. Y uno ya no sabe si es que está perdiendo el oficio o que el aparato de agit-prop autonómico está como las tropas nacionales el 29 marzo de 1939: a punto de alcanzar sus últimos objetivos. Léase, la totalidad de Valencia.

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