Puig, el líder menguante

PEDRO ORTIZ

Como siga así, Puig se va a quedar sin espacio, como un mal equipo de fútbol. El PSPV necesitó tras las elecciones del apoyo de Podemos y sobre todo de Compromís, y eso recortó los poderes del presidente de la Generalitat de una forma brutal. Nunca hasta ahora el responsable máximo del Consell había estado tan limitado. Lo escribí en su momento, defendiendo al propio Puig: el president no es sólo responsable de las acciones de los consellers socialistas, sino de todas las decisiones del Consell aunque quienes las toen sean del otro partido, Compromís, o aunque se tomen por decisión del tercero en el Botànic, Podemos.

Sin embargo, parece que el Consell estuviera roto y, por poner algún ejemplo, que el conseller de Hacienda, Vicent Soler, no conozca las disposiciones que aprueba su colega de Consell aunque no de partido, Rafael Climent, conseller de Economía (sostenible, of course). Como si la mano izquierda no tuviese noticias de lo que hace la mano de más a la izquierda aún. Y así siempre en todas las conselleries en manos de Compromís, también la de Igualtat i Polítiques Inclusives que pertenece nada más y nada menos que a la compañera vicepresidenta en el Ejecutivo, pero adversaria en elecciones. Por ahí andan los dos a ver quién desplaza al otro al córner de la foto.

Pese a todo, a Puig le quedaba, o eso creía él, el partido, el PSPV. Puig es secretario general del PSPV y ahí no hay, no había quien le tosiera. Tampoco es que su influencia arriba, en Ferraz como dicen los madrileños, sea mucha, porque desde que apoyó a Susana Díaz y ganó Pedro Sánchez, ha perdido Puig muchos enteros, pero le quedaba como soporte una de las federaciones socialistas más potentes de España.

Ahora habrá elecciones para secretario general de los socialistas valencianos. Puig ha conseguido el doble de avales que su contrincante, Rafael García, el alcalde de Burjassot. Porque cuando muchos creían que nadie iba a disputar el liderazgo del PSPV a Puig, ha venido ufano el tal García de la mano de Ábalos y por tanto de Sánchez. Y ríanse de los avales. Díaz consiguió más avales que Sánchez y luego perdió estrepitosamente las elecciones entre los militantes. Lo mismo puede pasarle a Puig: no es lo mismo avalar a quien tiene la manija del pesebre que avalar a un todavía mindundi. Y menos cuando el aval es público. Luego, el voto es secreto y salta la sorpresa.

Pobre Puig como pierda las elecciones. No solo va a ser un president del Consell que en algunas conselleries tiene menos influencia que el bedel más antiguo; también verá cómo en el partido le arrebatan democráticamente la secretaria general y mengua y mengua hasta quedar inerme en el Consell, sin poder entre los socialistas valencianos y denostado en el socialismo español. Puig sería el líder menos líder de la historia de la Comunitat.

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