Puig tiene faena esperándole

Julián Quirós
JULIÁN QUIRÓS

Publicado en la edición impresa del 23 de julio de 2017.

En los últimos diez meses, las preocupaciones presidenciales no han girado sobre la Generalitat Valenciana, sino alrededor de las turbulencias internas del partido socialista. Nunca como en este periodo podrá decirse mejor eso de que ‘Puig reina pero no gobierna’, dejando los mandos de la administración en modo piloto automático, o sea bajo el impulso autónomo de cada departamento. Hasta Oltra debió adivinarse como centro último de todas las respuestas -de todos los marrones- y decidió poner tierra de por medio a días alternos. Gobernar es muy duro cuando te sorprende una cuesta arriba después de años acostumbrado a recibir caricias de la opinión pública. No querían aceptarlo de ninguna manera, pero el bitripartito botánico ha tenido que interiorizar la realidad en apenas tres meses, a la fuerza: la gente sabe que ya no están en la oposición. Y vienen curvas. El caso es que Ximo Puig sale de sus lances partidistas mejor de lo que entró, primero porque ha sido capaz de salir y después porque sus aspiraciones eran razonables, sobrevivir y si acaso ganar a los puntos. Puede decirse que lo ha conseguido y, como se ve desde hace algún tiempo, cuenta con bastantes papeletas para repetir como jefe del Consell en la próxima legislatura; la burbuja de Compromís no indica que vaya a inflarse más.

Afronta tres amenazas: el incendio educativo de Marzà, la reversión sanitaria de Montón y ‘el escándalo Canal 9 segunda parte’

El mapa que dejó Puig atrás hace diez meses tiene poco que ver con el actual, digamos que se le han perfilado y engrandecido las amenazas. Son tres. Una le arde encima, es el Problema Urgente: el sistema educativo incendiado por Marzà; un verano de alto riesgo; deberá actuar pronto y según lo que haga en las próximas semanas se verá condicionado el resto de la legislatura. El otro desafío es el Problema Importante: la campaña de Montón para alterar el modelo sanitario; este todavía lo puede abordar con cirugía interna y sin dar tres cuartos al pregonero. Y el tercero puede ser, corrido el calendario dos o tres años, el Gran Problema Reputacional, o sea, ‘el escándalo Canal 9 segunda parte’; donde se están dando los pasos adecuados para caer en los vicios exactos que definieron a la televisión pública valenciana: gigantismo, sectarismo, derroche, irrelevancia e inviabilidad; o sea, los males que ya acabaron una vez con Canal 9 ante la indiferencia mayoritaria de la audiencia y los ciudadanos. Pero para ocuparse de la tele pública Puig cuenta con tiempo por delante; de momento le vale con cerrar el grifo presupuestario y ralentizar el despegue de la criatura mediante los resortes administrativos. Por tanto, educación, sanidad y la nueva tele; ese parece el orden para abordar los grandes problemas del Consell.

SR. GARCÍA

El President ha trasladado alguna vez a entornos de confianza que Carmen Montón le ha traicionado; en el partido sí, pero también como consellera. Y quizá como deseo, quizá como desahogo, se había fijado en un relevo de primera clase para sustituir a la exsanchista Montón. El señalado sería el rector de la Universitat de Valencia, Esteban Morcillo, ya en la recta final de su segundo mandato y, por tanto, liberado para nuevos desempeños; independiente de cualquier partido y en plena forma. Morcillo ha demostrado una notable vis política desde que accediera al cargo; primero dentro del peliagudo mundo del poder académico y después para relacionarse con los políticos del PP y luego de Compromís y PSPV. Y segundo, el rector, fue cocinero antes que fraile; o sea, médico, investigador y decano de la facultad, por lo que la sanidad le resulta igual de próxima que la educación. Lo mismo Montón se acaba salvando, ahora que tras el despecho del compañero Pedro se ha solapado a Puig como una pegatina, y vista la elasticidad de la política valenciana y que los socios del Consell saben que remover el banquillo sólo aporta líos, discusiones y ninguna ventaja en términos de estabilidad. Pero caben pocas dudas de que si el jefe del Consell tuviera oportunidad prescindiría de una consellera que se aventuró por su cuenta y riesgo a una guerra con las concesionarias. Y que cuando desde el Palau se le dieron directrices para una alternativa distinta a la pura reversión, mediante fórmulas de colaboración público-privada diferentes al modelo Alzira, las ignoró; y metió también al IVO en el saco pese a la petición expresa de no hacerlo; e intensificó las filtraciones y el duelo mediático, redoblando su apuesta, pasando del President. Con todo, la insubordinación no es lo más grave, sino el agujero que supondrá para la contabilidad de la estrangulada Generalitat, pero la ausencia de fondos para absorber las decisiones de Montón será problema de otro en la siguiente legislatura.

El bloqueo judicial a los planes de Marzà debiera obligar a Puig a un cambio de prioridades. Igual Esteban Morcillo le hacía papel también en este desaguisado. Si la suspensión cautelar del modelo lingüístico pasa a ser sentencia condenatoria, el conseller estará literalmente abrasado. Por supuesto, Oltra y sobre todo el núcleo duro del Bloc lo defenderán hasta las últimas consecuencias, pero Marzà habrá acabado su carrera política y la sociedad constatará las prácticas del nacionalismo en materia de convivencia, derechos fundamentales y gestión de servicios públicos. En estos días Puig y Oltra tendrán que decidir si fuerzan al conseller a rectificarse para acotar el perímetro del incendio o le dan cuerda con el riesgo de que los tribunales certifiquen o no el sectarismo y la ilegalidad de su modelo educativo. Puig ahora no puede sorprenderse, muchos socialistas, incluido el mismísimo Joan Lerma, le avisaron del peligro con insistencia y antelación.

El ultimátum del TSJ resulta explícito al reclamar las medidas concretas que garantizan la suspensión del modelo lingüístico nacionalista. La respuesta previa de Compromís no pudo ser más alarmante; todos (Oltra, Micó, Nadal y multitud de asesores) atacaron la independencia judicial y acusaron a los magistrados de hacer política. Cuando los jueces desmontaban los abusos del PP eran servidores con afán de impartir justicia, ahora ya son esbirros de la ideología. Pero la firmeza del tribunal les ha hecho recapacitar. La vicepresidenta asegura ahora que el auto se acató desde el primer momento, lástima que los pasos dados por la conselleria lo desmientan con rotundidad. Marzá pretendía creer que no estamos ante una suspensión de su modelo, sino ante una mera paralización y por tanto el DOGV aprobó las instrucciones del nuevo curso conforme a lo previsto en el decreto suspendido. Tanto en los distintos pesos lingüísticos y la discriminación de parte del alumnado para aprender inglés, como en los nuevos niveles de Infantil y Primaria alineados con las directrices de la conselleria o los proyectos específicos de cada centro. Por eso, Marzà se hartó de subrayar que todo sigue igual y nada cambia, porque se saltó la orden judicial a la torera. Optó por burlar a la justicia antes que retrasar un curso la aplicación del decreto, hasta comprobar si llevaba razón o no. Pero la ley y la razón nunca son un elemento determinante para los nacionalismos. Ahí tenemos a Cataluña.

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