Puig disfrutará del estatuto de los ex

FERRAN BELDA

Llegué a pensar que era una leyenda urbana más. Como el espíritu de la parturienta cuya aparición por los solitarios despachos de La Cigüeña coincidió con el lanzamiento al estrellato del letrado Enrique Vila. El espectro que deambulaba por las crujías del Palau de la Generalitat hasta que Cotino lo conjuró en su doble condición de siervo de Dios y exdirector general de la Policía. La chica de la curva cuyas andanzas por las cuestas del Ragudo me encargó confirmar una revista de Madrid meses antes de que yo mismo estuviera a punto de convertirme en chico de uno de aquellos recodos una noche de ventisca. O los llantos nocturnos que se oían en la Casa de la Misericordia y que, con total seguridad, no procedían del viejo orfanato sino de la mala conciencia de los periodistas que se dejaron camelar con antologías por Javier Paniagua, el eterno director de la Uned allí domiciliada. Estaba seguro de que había oído a la diputada Fabiola Meco anunciar que Podemos iba a pedir la supresión de los privilegios de los expresidentes de la Generalitat. Y sin embargo lo único que trascendió fue que el Tripartito había reclamado la dimisión de Camps del CJC. No tenía más remedio que achacárselo a mi calenturienta imaginación. Cosa que no descarto nunca. Los articulistas somos muy dados a confundir los deseos con la realidad. O concluir que me encontraba ante otro fenómeno paranormal: proposiciones parlamentarias que aparecen y desaparecen sin dejar rastro. Talmente como el duende de la plaza del Esparto o las psicofonías del preventorio de Aigües de Bussot. A punto estaba de llamar a uno de los programas de ultratumba que emite ¡RTVE! cuando, por suerte para mi estabilidad emocional, coincidí con Antonio Montiel y me sacó parcialmente de dudas. No hay fantasmas en el Palacio de Benicarló. Por lo menos de los que arrastran una bola. Su grupo ha presentado, en efecto, dos proposiciones de ley para que los expresidentes ingresen, como mucho, en el CES, que es gratis. La primera se la desnaturalizaron PP y PSPV y la segunda aun no ha empezado a tramitarse porque data del pasado día 24. ¿Por qué, en cambio, en el pleno del día siguiente se limitaron a pedir la dimisión de Camps, como quería Manuel Mata, el portavoz de Puig, teniendo como tienen la sartén del tripartito por el mango? Es lo que no me quedó muy claro. Porque, a todos los efectos, Mata les pidió con un estilo que para sí quisiera Maura -¿o era Miura?- que no se les fuera 'la pinza' porque los 'molt honorables' están sujetos a un estricto régimen de incompatibilidades. Y Podemos, obsecuente, le complació. Los partidarios de cambiar la Constitución de arriba abajo dejaron 'ad calendas graecas' la reforma del estatuto/canonjía de los expresidentes. Cuando sabido es, verbigracia, que también han de seguir esta nada espartana dieta los ex directores de las empresas públicas, y no es eso lo que me llega de Vaersa.

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