Puerto

Francisco Pérez Puche
FRANCISCO PÉREZ PUCHE

Aburrido, y no solo por el tedioso problema catalán, entretengo el verano siguiendo la navegación de un enorme portacontenedores, el ‘MSC Oliver’, que el pasado día 13 dejó el muelle Príncipe Felipe y puso rumbo a Singapur, cargado con algunas cosillas de las que fabricamos por aquí. El domingo por la noche seguí su paso por el Canal de Suez, el miércoles navegó por el mítico Bab el Mandeb, hoy domingo debe andar por el sur de Sri Lanka, apretado por un calendario que le obliga a estar en la ciudad del señor Lim a primera hora del día 27, dos semanas después de zarpar de Valencia.

Hace unos años, la Valencia marinera se quedó asombrada ante las proporciones de un enorme buque, el ‘MSC Pamela’, que fue recibido como el mayor que nunca había entrado en puerto. Pero han pasado doce años y el ‘Oliver’ pertenece a una generación de buques, con sesenta metros más de eslora, que cargan más, transportan más deprisa y contaminan menos; tan largos como la calle de la Paz, esos gigantes de 400 metros cruzan el Océano Índico a 22 nudos y medio, una velocidad prohibitiva en la ciudad.

Por desgracia, la huelga de estibadores que vivimos hace unos meses, ha dejado cicatrices en Valencia: MSC ha decidido desviar cargas de un puerto que estima laboralmente inestable a otro, Barcelona, donde la flexibilidad sindical cotiza mejor que el peligro independentista. Sin duda tienen buena información sobre el futuro.

Con todo, la semana nos ha regalado también un notición sobre los planes que la Autoridad Portuaria ha puesto en marcha con el fin de adaptar tres muelles al calado de los buques del futuro-presente. El dragado de una superficie similar a la del Ensanche, con una inversión de 18 millones, dará agua suficiente para que trabajen estas máquinas gigantescas. Mientras tanto, grúas que superan con mucho la altura del Micalet han viajado hasta su futuro emplazamiento.

Saber que tenemos un gran puerto, y comprobar que hay en él, pese a las dificultades, gente despierta que se mueve para que no se nos quede rezagado en esta competición universal del comercio, es un ejercicio que nos sitúa ante un ministerio más sensible con Valencia que cuando lo dirigía la insensible Ana Pastor, y con un presidente de la Autoridad Portuaria, Aurelio Martínez, que al fin tiene la oportunidad de dejar en Valencia muestras dignas de aplauso. Que van desde lo mayor, las grandes infraestructuras, a una rumoreada recuperación de la Escalera Real en la vieja dársena.

Son fruto de su experiencia, su prudencia y su visión de futuro. Son resultados de una gestión que sabe hacer números y proyectarlos hacia el futuro, consciente de la importancia que el puerto tiene para nuestra economía. Aurelio Martínez, que en su día no pudo ser alcalde frente a Rita Barberá, está haciendo por Valencia mucho y bueno. Hasta el punto de que ya hay quien le imagina compitiendo nuevamente por aquel merecido destino; no en su partido, claro está...

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