SÍ SE PUEDE Y A POR ELLOS

MIQUEL NADAL

Conforme avanza el tiempo, el temor del que escribe una columna se instala en el plagio de uno mismo. En mi caso, que el Marcador Dardo aparezca en la sección de deportes y en la de opinión provoca que haya algún lector que considere que transformo los espacios escribiendo de política cuando toca hablar de Parejo, y jugando con el catenaccio y otras metáforas para opinar de la sociedad. Es una tendencia consolidada. No es que el fútbol se haya politizado, es que la política se ha futbolizado. Los gritos, las consignas, y las actitudes sobre las grandes decisiones sobre la vida parece que se acomoden a las maneras de una eliminatoria europea. Uno escucha gritar el «Votarem» con la exacta militancia del «Sí se puede» cuando toca remontar un partido, pero asimismo descubre que ciertas despedidas se adornan con el «A por ellos», de acreditada raigambre futbolera. Llegará día que un político cuando coloque una buena réplica en la tribuna se lleve el pulgar a la boca para dedicarla a su recién nacido. Frente a los acontecimientos se prohíbe el sosiego, y asistimos a esa frívola obsesión por la conexión en directo, que no puede tener otra razón de ser que la ronda informativa por los campos y estadios, en forma de carrusel o tiempo de juego deportivo, predicando el minuto de juego y resultado de la realidad. Uno es de este político o de aquel, de esta decisión o de aquella, con la misma cerril pasión, no reflexiva que la que antes teníamos respecto de jugadores o toreros. Algo se estará haciendo mal cuando la política se contamina de esas escenas de aficionados recibiendo al autobús del equipo. Antes se apedreaban las lunas de los autocares del equipo visitante. Ahora se apedrean y hostigan las concentraciones y conferencias como si fueran de un equipo local o visitante con el mismo ahínco con que el mundo del fútbol antes daba espectáculos miserables. El teatro de la discusión parlamentaria, y del convencimiento, y la razón del hemiciclo se traslada a la retransmisión, al día después, a lo que el ojo no ve, a la exhibición de las aportaciones de los políticos en las redes sociales, esquivando hablar del qué, porque de lo que se trata es del cómo. Las tertulias sobre política adoptan la gramática de los hinchas. Para que alguien se hiciera eco de un discurso de esos de Churchill, macerado durante días para pasar a la historia, habría que mendigar por las redacciones, y no resistiría un asalto frente a los treinta segundos del corte en los informativos o los ciento y pico caracteres del Twitter. Los futboleros teníamos antes dos horas de inocente irresponsabilidad en las que descansar de uno mismo. Nos ha robado la irracionalidad. Que el dueño de los derechos televisivos del fútbol montara ayer un Centro de Información Internacional no sé si es de deportes o de política.

Fotos

Vídeos