EL PSPV SE AUTOLESIONA

PABLO SALAZAR

En cualquier conflicto bélico es habitual el episodio del soldado que intenta librarse de ir al frente provocándose él mismo una herida. El problema, como bien hemos visto en series y películas sobre la II guerra mundial, es que si te pillan el ardid te fusilan. Que en un partido político que ha perdido las elecciones se produzcan enfrentamientos por el liderazgo es algo usual. La derrota, especialmente cuando tiene lugar tras un largo periodo de poder, reabre las cicatrices que parecían curadas, destapa todas las diferencias y hace aflorar las rencillas que durante años se mantuvieron apartadas porque el Gobierno une y cohesiona. Lo estamos viendo en el PP de la provincia de Valencia, una formación que durante décadas ganó todos los comicios, los autonómicos, los locales, los generales, que controló la diputación y los ayuntamientos de las principales ciudades, pero que ahora se ve sumida en una batalla fratricida. El PSPV no ganó las elecciones de mayo de 2015 pero gracias a la coalición con Compromís y al apoyo parlamentario de Podemos alcanzó la Presidencia de la Generalitat, recuperándola veinte años después de perderla en 1995. Y también accedió a alcaldías que el PP le había arrebatado durante su larga etapa de dominio absoluto, así como a la Presidencia de la Diputación. Y ahora, cuando las encuestas -como la de Sigma Dos para LAS PROVINCIAS- vaticinan que puede mejorar sus resultados, los socialistas se lanzan a una confrontación por la secretaría general del partido que a buen seguro no lo va a fortalecer sino que tanto internamente como de cara a los electores lo debilita y lo hace más vulnerable. Estaba más que cantado que el entusiasta apoyo que Ximo Puig había prestado a Susana Díaz le iba a pasar factura. Su falta de sintonía con Pedro Sánchez iba a tener consecuencias, antes o después. Pero disputarle abiertamente el puesto de secretario general a quien sigue siendo presidente de la Generalitat no es sólo una operación arriesgada sino sobre todo una manifiesta irresponsabilidad. Casi lo que menos importa es quien gane, porque el que de verdad sale fortalecido es el principal socio de Gobierno, Compromís, que se relame observando estas peleas internas. Y tal vez José Luis Ábalos, el ahora todopoderosos Ábalos, no haya tenido en cuenta un cambio de papeles: Pedro Sánchez ganó contra Susana Díaz porque era el candidato de las bases, de los militantes, contra la candidata del aparato, del 'establishment'. Pues bien, debería pararse a pensar que ahora él ya es aparato, y tal vez a esas mismas bases que en la Comunitat Valenciana apoyaron a Sánchez frente a Díaz no les guste que desde Madrid les digan quién tiene que ser su secretario general, ninguneando al mismísimo presidente de la Generalitat.

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