¿PSICOLOGÍA? NO. BULGARIA

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

Para que luego digan (digamos, me incluyo) que los jóvenes no se implican en los asuntos públicos, que pasan de la política, que no son reivindicativos, cuando en realidad, si lo analizas detenidamente, siempre han sido una minoría los comprometidos, los que participan en asociaciones, los que promueven protestas y manifestaciones. Pues bien, en la Universitat de València, concretamente en la Facultad de Psicología, encontramos una especie de núcleo de resistencia, una aldea que en plan Asterix en el Imperio romano no se rinde ante la corriente que arrastra a la juventud por la senda del individualismo más egoísta y comodón. ¿Qué es lo que hace diferente a la Facultad de Psicología? Los índices de participación de los estudiantes en las recientes elecciones al Rectorado, así como su alineamiento sin fisuras, casi monolítico, a la búlgara, con la nueva rectora, Mavi Mestre, que precisamente, cosas del azar, es catedrática de esa especialidad. Fíjense qué curioso y al mismo tiempo qué gran motivo para la esperanza: frente a índices de participación en las urnas del 8,2% en Filología, del 7,4% en Derecho y de un ridículo 4,3% en Economía, en Psicología los alumnos que se acercaron hasta las urnas fueron el 18,1%, un auténtico milagro. Pero lo más llamativo de todo es que mientras la diferencia de votos entre los candidatos -siempre a favor de Mestre- fue clara pero no abrumadora en ninguna de las principales facultades (131 a 127 en Filología, 169 a 103 en Medicina, 217 a 137 en Derecho y 171 a 114 en Economía) en la de Psicología, pásmense, se alcanzó un insólito 462 a 41. O lo que es lo mismo, el 91,8% de los futuros psicólogos apostaron por la que finalmente salió elegida rectora de la Universitat. Es posible que Mestre sea muy popular en su Facultad, aunque teniendo en cuenta el tiempo que lleva alejada de aquel centro al estar dentro del equipo rectoral de Morcillo no parece una explicación probable. Ni tampoco es creíble que el factor femenino haya sido determinante, pues si bien es cierto que en Psicología hay muchas más mujeres que hombres entre el alumnado, no lo es menos que esta diferencia también se registra en Filología o en Filosofía y no ha dado lugar a un respaldo tan multitudinario. De todo lo cual no cabe deducir más que, en efecto, la Facultad de Psicología de la Universitat de València es un hábitat especial, único y a conservar, un territorio virgen, mágico e inexplorado, poblado de seres de corta edad sumamente comprometidos con la vida universitaria y que además -frente al tópico de que los jóvenes son siempre más radicales- apuestan sin fisuras por la candidata más moderada, por el continuismo, por el mantenimiento del 'régimen'. Motivos, ya digo, para confiar ciegamente en un futuro mejor. ¿O no?

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