LA PROPUESTA

MANUEL ALCÁNTARA

Una España federal no nos cabe en la cabeza, pero tampoco en el corazón, pero quizás sea la única posible, dada nuestras posibilidades y hay que acomodarse a ellas. Para luego será tarde, pero el peligro es que sea nunca. Hay que ponerse de acuerdo en los desacuerdos y urge fijar los poderes de las autonomías, que cada una es de su padre y de su madre, salvo las que no tienen padre conocido y aseguran que aman a la madre patria. Barcelona ha perdido la Agencia del Medicamento cuando está más enferma que nunca. El federalismo, que era difícil, se ha vuelto imposible y el Senado debe remodelarse plagiando los diversos modelos europeos. A nadie le sientan bien los trajes que estén hechos a la medida de otros, por bien cortados que estén, pero sobre todo a los jorobados les caen especialmente mal por mucho que se empinen. El separatismo es sinónimo de la ruina. «Ni contigo ni sin ti, tienen mis penas remedio», dice la copla popular, que añade el duple motivo: «sin migo porque te vas y sin mi por que me quedo». Es el precio de la paranoia separatista que la tendremos que pagar todos, aunque sea en incómodos plazos mensuales. Insiste el siempre lúcido Fernando Savater, herido de ausencia, de que la locura separatista puede hundir a Cataluña para unos cuantos años. No sabemos ser federales, pero conocemos las causas del federalismo. Únicamente nos falta saber cuáles serán los remedios.

No sabemos en qué va a quedar el asunto de las 'tarjetas black'. El Tribunal Supremo, a pesar de todos sus poderes, no puede interrogar a Miguel Blesa porque se suicidó en el mes de julio pasado. La vida tiene problemas que sólo resuelve la democrática muerte y ahora lo que más nos preocupa es la sequía. Mucho más de que Europa castigue a Barcelona por alentar la independencia.

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