Profesión sin vocación

AGUSTÍN DOMINGO MORATALLA

Hace unos días, el decano de la facultad de Medicina en la Universidad de Valencia convocó a los 320 alumnos admitidos para comenzar los estudios el próximo curso. Ante un aula en la que también se dieron cita varios centenares de estudiantes excluidos que se quedaron en lista de espera, el profesor Federico Pallardó planteó la necesidad de exigir un «perfil psicológico» a los aspirantes para valorar la idoneidad profesional de quienes acceden a estos estudios.

Por enésimo año consecutivo, Medicina es la carrera más solicitada en la Comunidad Valenciana, registrándose en los últimos años una demanda espectacular. Al recibir más de 1.800 solicitudes para 320 plazas, la facultad tiene la obligación de plantearse algún criterio de selección que no sea el estrictamente estadístico, matemático o numérico. Aunque la nota de corte en selectividad sea el criterio mecánico más simple para seleccionar a estos estudiantes, hay buenas razones para pensar que no debe ser el único o el mejor. La nota de corte no dice nada del entusiasmo por la actividad o compromiso vocacional, por eso el profesor Pallardó considera necesario introducir criterios internos al ejercicio de la profesión.

En lugar de revisar el sistema de acceso a la universidad y promover enseñanzas medias que 'medien' o faciliten el discernimiento vocacional, los gestores universitarios acudimos con el Excell a la solución más simple, proponiendo nuevas pruebas y exámenes que permitan pescar a estudiantes con vocación en el océano de las solicitudes. Es un gran error porque de la misma forma que las mejores puntuaciones en el MIR no nos garantizan un buen médico, tampoco una 'prueba de perfil' nos garantiza la vocación en el estudiante de Medicina. Al ser una prueba puramente mecánica, sin entrevista y conocimiento personal del candidato, tampoco tendríamos garantías para que los recursos que se invierten en estas facultades tuvieran rentabilidad vocacional.

Se equivocan quienes plantean el problema exclusivamente en términos de gestión universitaria porque en Medicina le sucede lo mismo que en otras profesiones donde también hace falta una seria valoración del discernimiento vocacional. Si la opinión pública comprende el problema y acepta la necesidad de una prueba de 'perfil psicológico' para ser médico, ¿por qué no la planteamos también para otras profesiones como la abogacía, magisterio, ingeniería o administración de fincas? Si en cuestiones de salud exigimos vocación, ¿por qué a jueces, fiscales, abogados, ingenieros, periodistas, maestros, banqueros, funcionarios o receptores de nuestra confianza no les pedimos también vocación? Y lo más grave es que ninguna autoridad académica plantea la necesidad de establecer prueba de 'perfil psicológico' para dedicarse a la profesión política. Quizá porque en las listas electorales no exigen nota de corte.

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