Problema a la vista

Acaba el verano pero el paseo marítimo seguirá repleto de público y los hosteleros piden que continúen las patrullas policiales

Paco Moreno
PACO MORENOValencia

El problema viene ahora, cuando se vayan los bañistas. Esas son las palabras que repiten los hosteleros de la Malvarrosa mientras ven cómo colocan decenas de maceteros repartidos en los 15 accesos del paseo marítimo, la zona peatonal más larga de Valencia y, por lo tanto, la más indefensa de sufrir un atentado yihadista por atropello.

Los hosteleros saben de lo que hablan porque asisten cada año al desmontaje del retén de la Policía Local cuando acaba la temporada de baño, mientras ellos siguen con la persiana levantada el resto del año. Y con más afluencia de público, una verdadera autopista peatonal como la definen los empresarios. Es una obviedad decir que hay más público un domingo otoñal y soleado en las terrazas de los restaurantes que en agosto.

Una papeleta más que difícil para un dispositivo de seguridad que coordina efectivos de la Policía Nacional y la Policía Local, aunque todo el foco está puesto en este último Cuerpo, después de años de alertas sindicales por una plantilla demasiado corta y escasa de los equipamientos más básicos.

Ante esa tesitura, lo conveniente sería mantener el depliegue de agentes de verano unos meses más, aunque hay varios factores que lo impiden. El más político y por lo tanto el más relevante para el tripartito es el compromiso de instalar el mismo retén en la zona cero del Cabanyal. Son ya dos años de frustación vecinal tras lo que parecía una recuperación rápida que hiciera olvidar la prolongación de la avenida Blasco Ibáñez.

No ha sido así y las asociaciones vecinales del Cabanyal y del Canyamelar ya han empezado a preguntar al alcalde Joan Ribó en las redes sociales qué hace para evitar la jarana que sufren de madrugada, guitarra y palmas incluidas, en plena calle cuando al día siguiente deben trabajar. Y además, algunos casos en zonas de viviendas ocupadas ilegalmente.

Por lo tanto, me sorprendería mucho que siga con la misma presencia el dispositivo policial en el paseo marítimo. El día 15 se cierra el chiringuito y poco después abrirá en la calle San Pedro o alrededores, donde lo único que marcha de momento es la renovación de aceras y del alcantarillado, aunque también con quejas.

La decisión de dividir el mercadillo ambulante en tres zonas no ha gustado nada. Las dos nuevas quedan demasiado lejos de la calle Mediterráneo y en zonas donde pasan pocos clientes, más bien ninguno. Jugarte la caja de un día en el segundo mercado de la ciudad con la parada junto a solares y casas abandonadas es una apuesta perdida con seguridad. La renovación de aceras durará unos cinco meses, por lo que urge rectificar y encontrar otra solución. Si el Ayuntamiento aprieta a los comerciantes para cobrar la tasa, lo justo es buscar otra ubicación mejor.

O sea, que la vuelta al cole empieza tal y como quedaron las cosas antes del verano. Todavía no se ha visto el efecto de las ayudas europeas en el barrio, donde el exconcejal Jordi Peris convenció a Ribó para que lo apostara todo en el Cabanyal, cuando estaba la posibilidad de repartir el dinero en otros barrios. Como no se vean resultados pronto, más de uno se arrepentirá. El barrio marinero es el símbolo del mandato, sin duda, pero son los que son a la hora de votar.

Una encrucijada interesante la de la seguridad y el Cabanyal, donde otra jugada de riesgo es cómo repartir las 84 plazas de nuevos funcionarios que podrá ofrecer este año el Ayuntamiento. Ribó disparó varias alarmas la semana pasada al decir que aparte de policías hacen falta economistas o arquitectos. El Sindicato de Policía Local estuvo rápido con la réplica de que para el resto de servicios ya ha contratado a más de 300 interinos. Y pueden seguir por ese camino dado que los ingresos continuarán al alza. La proyección que ha hecho el concejal de Hacienda, Ramón Vilar, es que en 2018 necesitará 30 millones de euros más que el pasado ejercicio para pagar los sueldos de todo el personal del Consistorio.

Ese dinero sí se gastará por completo, lo contrario de las inversiones previstas para todo el ejercicio. Empieza a ser una molesta etiqueta para el gobierno tripartito porque cada vez es más grande. No son capaces de gestionar el volumen de proyectos que se reparten y la ejecución de las obras a 31 de julio lo dice con toda claridad. Hay más recursos que en el mandato anterior, pero también tienen más plantilla para dar salida a los compromisos con los vecinos y las propuestas de los programas electorales. Eso es lo único importante más allá de buenos propósitos y anuncios al principio de cada año.

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