Principios permanentes

MIKEL ITURBE DIRECTOR DE HERALDO DE ARAGÓN

Todo quién tiene su aquel, al igual que tras un qué siempre aparece un porqué. Dar respuesta a estos interrogantes, descubrir el rostro que ocultan los pronombres y convertir este mismo empeño en un relato ordenado y noticioso, con el atractivo imprescindible como para provocar la lectura, son los requisitos básicos que definen la tarea de un periodista. Se pueden narrar historias divertidas, disfrutar de un párrafo novelado maravillosamente escrito, pero solo surge el texto periodístico si existe un empeño profesional por descubrir un qué, un quién, un cuándo, un cómo y un dónde. La actividad periodística es una particular mezcla compuesta por la sencillez que aporta el obligado cumplimiento de los rudimentos básicos de la profesión y por el esfuerzo atento y exigente que requiere la tarea de control al poder. Una combinación que administra algo tan complejo como es la búsqueda de la verdad.

En los últimos años, los errores propios, los ataques interesados y hasta el olvido a la hora de dar respuesta a todas y cada una de las preguntas que conforman la naturaleza del relato periodístico han servido para construir un escenario de confusión donde, al igual que en el juego del laberinto de los espejos, la realidad se ha mostrado confusa y distorsionada. Bajo una mirada permisiva, producto de los muchos atajos que pensábamos harían nuestro trabajo mucho más sencillo y accesible, se ha concedido el calificativo de periodístico a diferentes relatos que no reunían las condiciones mínimas para ser considerados como tales. La profesión se ha tensado por sus costuras llegando a rasgarse cuando más falta hacía. No se nos ha encontrado cuando se nos buscaba y, en otras muchas ocasiones, hemos aparecido olvidando que debíamos aportar un valor que se esperaba y presuponía. Este desconcierto, esta falta de coordinación entre el momento y la oportunidad, ha servido para evidenciar que el futuro de la profesión debe asentarse sobre la aportación de valor. Entiendo esta exigencia desde el ofrecimiento al lector de una información no esperada pero que se convierte en relevante. En una galaxia mediática donde el perfil del agregador gana terreno en detrimento del generador de información, del periodista encargado de ofrecer un texto propio y diferencial, la fuerza de las convicciones profesionales, desde el respeto a la deontología hasta la asunción de los procedimientos clásicos de la actividad, cobra un especial significado. El periodismo que crea opinión, aquel que altera y tiene capacidad para cambiar los discursos monocordes, es precisamente el que se detiene en los detalles, el que sirve para ensanchar los pulmones de una sociedad que no deja de incorporar transformaciones. Tal y como defendemos desde 'Heraldo de Aragón', y hoy tenemos presente en todos los medios de Henneo, nuestra independencia es la mejor garantía para ofrecer a los lectores un periodismo de calidad, una independencia que combina mal con la neutralidad. El periodismo debe ser independiente, pero no neutral ante las injusticias, ante la falta de respeto a las libertades que conforman nuestro ser democrático.

La confianza delegada, la búsqueda de la pluralidad y de los testimonios encontrados y el empeño en la defensa de la diversidad informativa conforman un recorrido profesional que siempre encontrará, pese a los supuestos cambios de tendencia en el consumo de información, una respuesta en los lectores. El periodismo deja de serlo si renuncia a su condición como generador de incomodidades, como un elemento molesto con capacidad suficiente como para agitar a una sociedad que debe apoyarse diariamente en la fuerza de las ideas, en la condición intelectual de una actividad repleta de futuro.

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