Primeras páginas para Corea del Norte

El régimen ha obtenido un éxito al lograr que la agenda internacional se haya ocupado con amplitud del conato de crisis suscitado por la exitosa detonación de una bomba de hidrógeno

ENRIQUE VÁZQUEZ

El Consejo de Seguridad de la ONU impuso por unanimidad, es decir también con el voto chino, severas represalias comerciales a Corea del Norte para castigar sus recientes avances en su programa atómico... pero eso no alterará el criterio de ciertos medios japoneses -los más indicados para seguir el asunto- de que el régimen norcoreano ha obtenido un éxito al conseguir que la agenda internacional se haya ocupado con amplitud del conato de crisis suscitado por la exitosa detonación de una bomba de hidrógeno hace diez días. Era el sexto ensayo, el más avanzado y potencialmente peligroso, y dio en el blanco estratégicamente escogido: con toda probabilidad el de mover a la comunidad internacional hacia posiciones de acomodamiento con dicho régimen, uno de los más aislados y deplorables y presentado como políticamente impresentable.

Un indicio de que algo podría estar moviéndose respecto al viejo e inquietante dossier norcoreano es la notable, y a decir verdad inesperada, declaración de la canciller alemana, Angela Merkel, que el sábado pasado dijo que se debería «mostrar disposición a negociar con el régimen de Pyongyang, como se hizo en el caso de Irán». Parecía un añadido coherente a su inolvidable, y a decir verdad algo sorprendente, consideración de mediados de agosto: «No hay solución militar a la crisis con Corea del Norte...» a modo de prólogo para lo que realmente quería decir y dijo: «La escalada dialéctica entre Trump y Kim Yong-un es la respuesta equivocada (...)».

La comparación sirve, pero los casos no son del todo idénticos: el programa atómico iraní, muy avanzado y solvente en los laboratorios, el trabajo de enriquecimiento del uranio y en la producción de misiles convencionales, nunca procedió a explosiones nucleares propiamente dichas y estuvo años bajo rígido -y suficientemente eficaz- seguimiento y control de la AIEA y sus inspectores... hasta llegarse en las postrimerías de la administración Obama a un acuerdo no solo con Washington, sino con el mundo entero como un todo. La perspicacia iraní, que no necesita mucho énfasis, siempre negoció con la vista puesta en la comunidad internacional, de modo que Moscú, Pekín, la UE y Japón figuraron entre la miríada de firmantes del acuerdo que, literalmente, fue de Irán con prácticamente el resto del mundo.

La importancia decisiva de este matiz no escapó a nadie y los hechos la han probado: Donald Trump, que pasa gran parte de su tiempo hablando mal de la gestión de su antecesor, fue muy crítico durante la campaña electoral con el acuerdo (confirmado por las cámaras) y ni que decir tiene que en su día prometió cancelarlo... pero eso habría sido dejar a Washington en absoluta soledad (salvo el respaldo de Israel y los estados sunníes del Golfo cercanos a Arabia Saudí), algo que los responsables de Defensa, general Mattis, y Departamento de Estado, Rex Tillerson, bien aconsejados, no están dispuestos a asumir. Fiel a su temperamento, sin embargo, el presidente ha hecho un par de declaraciones sobre el asunto norcoreano en su mejor estilo: Washington, de creerle, está listo para «lanzar cólera y fuego sobre Corea del Norte (...)».

¿El principio de un cambio? Lo dicho hasta aquí es el prólogo a la pregunta inevitable: ¿está listo el régimen de Corea del Norte para abrir una negociación con el mundo que le garantice su condición de potencia nuclear bajo control de la AIEA? La naturaleza de tal régimen, hermético hasta proporciones inverosímiles, impide responder la pregunta, pero indicios como la citada evaluación alemana en labios de una persona tan solvente, veterana e informada como la canciller Merkel permiten afirmar que se ha abierto nada menos que el campo de la discrepancia con Washington.

Más preciso sería escribir «con el Washington de Trump», porque en los días de Bill Clinton se negoció a fondo, con paciencia y pragmatismo (la Secretaria de Estado, Madeleine Albright visitó Pyongyang en 2000) y se alcanzó un acuerdo que, en el fondo, era la provisión de ayuda económica, directamente alimentaria a la vista de las olas intermitentes de hambruna que azotaban al país, contra un calendario de suspensión del progreso hacia la «bomba A» y su eventual miniaturización, el gran temor de los vecinos de Corea del Norte. Estos, Corea del Sur y Japón, sin embargo, cumplieron, a su vez, su palabra de que no adelantarían una solución estrictamente propia, es decir un rearme atómico con misiles nucleares tácticos a la altura del desafío, a pesar de disponer de los recursos científicos y económicos para hacerlo y siguen optando por la protección del paraguas nuclear norteamericano.

Clinton, ya como un particular, estuvo en Pyongyang en agosto de 2009 y consiguió el premio de la liberación anticipada de dos periodistas norteamericanas condenadas a penas de prisión por entrada ilegal en el país. Se reunió con el indómito líder del momento, Kim Yong-il, hijo del fundador del régimen, el legendario Kim Il-sung, y aunque su presencia suscitó especulaciones, ahí se quedó todo. El líder norcoreano moriría dos años después y su sucesor, el joven Kim Yong-un (33 años), hijo de la tercera esposa de Yong-il, pareció la opción de hecho de los militares que tienen aparentemente a su cargo, según muchas versiones, el programa atómico del país.

En este escenario bilateral, muy prolongado en el tiempo como se ve, el experimento nuclear norcoreano, el séptimo, pero tan cercano al sexto y sus acreditados progresos balísticos y las facilidades de tiro (el 28 agosto un potente misil norcoreano sobrevoló sobre Japón antes de caer al mar) inquietan razonablemente en Tokyo y en Seúl. Pero con alguna frecuencia son curiosamente percibidos por analistas occidentales como el aparente prólogo -un prólogo de éxito- a lo que podría ser, por fin, una propuesta de diálogo sobre una eventual moratoria en su programa atómico con sus vecinos y, de hecho, con la comunidad internacional en su conjunto. El presidente Trump hizo su contribución muy a su estilo con lo de la cólera y fuego sobre Corea del Norte si la crisis desembocara en un conflicto armado. Pero tal cosa, aparentemente, no sucederá.

Fotos

Vídeos