Prevenir la corrupción

AGUSTÍN DOMINGO MORATALLA

Coincidiendo con el aniversario de la Constitución, la Agencia Valenciana Antifraude ha difundido el primer número de una serie de documentos que llevarán por título 'Documentos contra la corrupción'. Este texto recoge la Convención de las Naciones Unidas contra la corrupción que se aprobó el 31 de octubre de 2003 y fue ratificada por el gobierno español tres años más tarde.

Con la divulgación de estos documentos, este nuevo órgano administrativo que depende de les Corts intenta hacerse presente en la sociedad y hacer visibles sus funciones. Entre ellas, además de la prevención del fraude y la corrupción, destaca la sensibilización y capacitación de ciudadanos o servidores públicos para que desempeñen un papel activo en la denuncia de casos o situaciones irregulares. Con esta visibilización, la Agencia empieza a justificar no sólo el generoso presupuesto del que se nutre (cerca de 3 millones de euros), sino el considerable número de funcionarios y nuevos trabajadores con los que contará (en torno a 30).

El documento tiene un problema de base, a saber, que en ningún momento define qué se entiende por 'corrupción'. En las 35 páginas escritas a un espacio y en letra pequeña no aparece en ningún momento una definición del término del que se habla. Puede ser normal que en los documentos internacionales se busque cierta ambigüedad o indefinición para generar mayor consenso, incluso puede ser comprensible su carácter enciclopédico para no dejar fuera ningún aspecto del problema. En todo caso, la falta de una definición clara dice poco de la voluntad real para luchar contra la corrupción y el fraude. En lugar de reproducir el documento sin modificar ni una coma, los trabajadores de esta Agencia podrían haber empleado parte su tiempo definiéndonos lo que entienden por 'corrupción' y 'fraude'. Con tantas personas y tanto presupuesto, lo mínimo que se les puede pedir es que nos ayuden. Un prólogo, un anexo, una página introductoria... Ni una miserable línea para decirnos qué relación tiene ese documento y el trabajo que realizan.

Es probable que se nos quieran presentar como pioneros en una cruzada contra la corrupción y el fraude, pero eso no es cierto. La sociedad valenciana tiene que saber que esta lucha no es nueva, que llevamos más de tres décadas promoviendo como voces en el desierto una Ética de la Administración Pública que los diferentes partidos, sindicatos y organizaciones empresariales han intentado colonizar porque confunden la ética pública con las cuotas de poder. Los valencianos tienen que saber que la corrupción no se combate con más burocracia, más reglamentos, más comisarios y más codificaciones. Se combate generando confianza al resolver los problemas de la ciudadanía, incentivando cierta ejemplaridad moral y promoviendo unas buenas prácticas que, por ahora, brillan por su ausencia.

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