El populismo emocional

JUAN CARLOS VILORIA

Los sociólogos están intrigados por las convulsiones, alteraciones, transformaciones y cambios que se están produciendo en las masas de votantes en los países desarrollados coincidiendo con la gran crisis financiera y económica que ha sacudido el sistema capitalista. La elección de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos es el punto máximo de velocidad alcanzada por este huracán. Pero el referéndum favorable a la salida del Reino Unido de la Unión Europea encaja también en esa fase de sacudidas sociológicas que han puesto patas arriba todas las pautas de comportamiento electoral asentadas en las últimas décadas. No siempre las bruscas mudanzas políticas han derivado en opciones populistas en sentido estricto, pero con diferentes carcasas los partidos que han recogido la fuga de las siglas tradicionales responden al mismo esquema: preponderancia de los sentimientos sobre la lógica y la razón. La socióloga Eva Illouz, especialista en la sociología de las emociones y que está participando en el foro de debate 'Le Monde' en Aviñón, alerta sobre la amenaza que acecha a la democracia por el auge del populismo emocional.

El auténtico tumor maligno para el sistema es la constatación de que muchos electores están votando contra sus propios intereses. Ciudadanos que eligen opciones políticas o se sitúan en posiciones dentro de una consulta objetivamente contrarias a su economía, su patrimonio, su contexto cultural... Clases medias susceptibles de verse perjudicadas por las políticas de derecha extrema se han dejado seducir por el discurso emocional del multimillonario Donald Trump. A los que se extrañan de que millones de ciudadanos voten en contra de sus propios intereses, Illouz les indica que el voto responde también a necesidades emocionales. Otra socióloga, la estadounidense Arlie Roussell, ha profundizado en la idea de que los electores organizan su identidad política en función de símbolos, valores y pertenencias imaginarias. Son estos factores emocionales, de los cuales a veces pueden ser víctimas, los que están impulsando su comportamiento en las urnas.

La estrategia de los populismos de distinto signo ideológico pero idéntico objetivo electoralista se basa en dramatizar al máximo la situación (América se hunde, la Unión Europea se aprovecha de nosotros, España nos roba, la corrupción está parasitando las instituciones en España, hay que parar el declive de Francia). Para presentarse acto seguido como el único remedio para el mal. La política populista se caracteriza por utilizar tres emociones esenciales: el miedo, el resentimiento y la intimidad. No es por hacer 'pisuerguismo', pero el diagnóstico de Illouz y Roussell encaja como un guante con la situación creada en Cataluña por la clase dirigente caciquil que únicamente pretende parasitar el territorio aunque las víctimas sean sus propios ciudadanos.

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