Poner puertas al campo del comercio

PEDRO ORTIZ

Hubo el domingo quien fue al gran centro comercial, echó su moneda en el carrito y se acercó a las puertas de cristal, aunque éstas no se abrieron. Tras cinco años, las grandes superficies de Valencia permanecieron cerradas un domingo. Para beneficiar a los pequeños comercios, dicen. Y para que los trabajadores de las grandes superficies puedan estar con su familia. Conciliación se llama ahora. El director general de Comercio valenciano, Natxo Costa, era directo: «Disfrutad del domingo con vuestra familia y amigos». Es una orden, le faltó decir.

Coincidió el cierre de los comercios con la Crida. El mundo hostelero valenciano se está frotando las manos porque este año San José cae en lunes y ello permite que los días más turísticos de las Fallas, los de la Ofrenda, sean sábado y domingo. Se espera lleno absoluto. Lleno de bares, de restaurantes, de hoteles; lleno de Valencia. Las fechas en 2018 son tan inmejorables que cada cierto tiempo, hay quien propone que todos los años se realice la Cremà en lunes.

Pero no para todos es fiesta. Habrá valencianos que tendrán que trabajar para servir a quienes disfrutan de la diversión. Desde luego los empleados de sector de la hostelería, pero también, por seguir con ejemplos, miles de funcionarios para garantizar la seguridad, el orden, la limpieza y mucho etcétera. Estos no podrán conciliar y hasta se alegrarán de no poder hacerlo: los unos porque encontrarán trabajo gracias a las fiestas; los otros, porque quizás vean aumentada la paga con motivo de la tremenda faena.

Pues igual pasa los domingos, y me atrevo a decirlo yo, que puedo contar con los dedos de una mano (quizás con los dedos de una oreja, gracias Coll), los festivos en los que he ido a comprar. No hay ninguna gran superficie que mantenga a todos sus empleados trabajando las más de 80 horas semanales que pueden permanecer abiertas y para eso se inventaron los turnos o bien se contratan personas específicamente para los festivos. Así que si el comercio cierra uno de cada siete días también significará que sobran uno de cada siete de sus empleados. O que el empleado que trabaja sólo en los festivos, aunque sea con triste contrato a tiempo parcial, tendrá que quedarse en casa y en paro, aunque concilie.

Tampoco se beneficia demasiado el pequeño comercio: debajo de cada casa hay pequeñas tiendas que no han dejado de abrir los domingos pese a que también abrían las grandes superficies y no creo que las tiendas que cerraban se dispongan ahora a subir la persiana. Apañadas van las tiendas si creen que su futuro solo depende de esta prohibición. Porque queda Amazon, los muchos amazon que hay en las redes, que venden veinticuatro horas al día, siete días a la semana. A ellos no les ha llegado la orden de cierre dominical; son el campo al que el Consell quiere poner puertas.

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