PONCE Y BAUTISTA

PEDRO TOLEDANO

El cese de actividad en las plazas de toros nos anuncia que es tiempo de reconocimientos. De poner en valor todo aquello que ha sobresalido del resto a lo largo y ancho de la temporada. De entre la gran cantidad de premios que en esta época otorgan crítica, peñas e instituciones, estos días se han hecho públicas dos distinciones que llevan aparejados mensajes y valores que conviene destacar.

Uno ha sido el Premio Nacional de Tauromaquia, que concede el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, que ha recaído sobre el torero de Chiva, Enrique Ponce. El otro reconocimiento, de distinta envergadura pero que también es digno de ocupar lugar destacado, ha sido el otorgado por la Asociación de Críticos Taurinos del Sur-Este y Sur Oeste francés, al espada galo, Juan Bautista. Los méritos que se le atribuyen al la figura valenciana son: «por su brillante temporada y trayectoria excepcional». Mientras que al espada francés se le reconoce haber sido «triunfador absoluto de la temporada en su país».

Poniendo a cada uno de estos dos coletudos en el lugar que le corresponde, y alejados de cualquier comparación, pues cada uno tiene su propia trayectoria y personalidad, sí que hay que señalar que son dos premiados que tienen gran paralelismo y una virtud común: el tesón y un desmedido afán de superación. En el caso de Enrique, el premio recibido distingue además de toda una trayectoria llena, no ya de éxitos puntuales, que también, sino por haber sabido evolucionar manteniendo durante su larga trayectoria el marchamo de máxima figura.

En cuanto al premio recibido por Juan Bautista, siendo referido al hecho puntual de haber logrado una excelente campaña en su país, entendemos que merece ser valorado también por nosotros los españoles de forma ostensible. En parte porque también ha cuajado una interesante temporada en España, y, muy importante, porque tal y como se están dilucidando las cosas de la Tauromaquia en uno y otro país, las conquistas que está haciendo Francia en favor del arte de la lidia, en buena parte llevan el sello del espada de Arles. Nobleza obliga.

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