GH Politics

Arsénico por diversión

La política nos hace encontrarnos con personalidades que viven una pasión auténtica por el poder

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

Estoy empezando a pensar que lo de Cataluña es un episodio de Black Mirror. Sé que no lo es porque conozco la serie y no he visto a Puigdemont en ningún momento pero con el Molt Ocultable nunca se sabe. Desde luego los guionistas tienen una buena historia con nuestra dependencia informativa del culebrón. Y no me refiero a las ansias de independencia que legítimamente pueden tener muchos catalanes sino a la forma de gestionarlo por parte de los partidos políticos presentes en el Parlament y mucho más a la salida sobreactuada del President por las Europas.

Llevamos más de un mes de intriga, suspense e incertidumbre, pendientes de las «últimas horas» en los medios de comunicación y viviendo a cada latido el paso postrero de sus protagonistas. Es como un Gran Hermano político. Justo ahora que decae la fórmula del original, llega el nuevo 'GH Politics'. El antiguo es repetitivo y cansa porque ya no son personajes normales ni refleja la convivencia de gentes anónimas en un día a día olvidado de las cámaras e ignorantes de su papel de cobayas vigiladas durante 24 horas por el ojo que todo lo ve. Ahora son personajes diseñados con escuadra y cartabón, preparados para ser analizados y enfocados en convertirse en seres famosos solo por su capacidad para destacar entre tantos frikis. Sin embargo, la política nos brinda la ocasión de encontrarnos con personalidades que, aparentemente, viven una pasión auténtica por el poder. Y son reales. Aproximadamente. Un Juego de Tronos de no ficción cuyos seguidores tienen un canal para decir a los actores lo que piensan de cada una de sus interpretaciones: las redes sociales.

Es una versión renovada del «Pan y circo» con la diferencia de que en este caso los gobernantes aparentan no querer divertirnos. La fórmula clásica era una evidente utilización del ocio para tener calmada a la muchedumbre y evitar males mayores. En cambio ahora el pan lo dan por accesible y se dedican a buscar el modo de entretenernos sin advertirlo. Ahí entra en juego esa disputa política continua. Absortos, como estamos, en las guerras internas de los partidos, en las peleas entre unos y otros y en las revoluciones de bolsillo que algunos quieren promover, no tenemos tiempo ni ganas de preocuparnos por lo que de verdad va bien o mal en nuestra casa, no en la de GH. Es una manera de distraernos sin que pensemos que lo hacen pues, al fin y al cabo, están ofreciéndonos información política, no de otro tipo, aunque sobre asuntos que nos quedan un tanto lejanos. Es cierto que la unidad de España no es baladí ni secundaria pero no podemos hacer nada desde fuera para cambiar las cosas, en cambio la información sensible sobre los partidos que nos haga desconfiar de este o de aquel sí es de primer orden. De hecho, hay quien atribuye lo de Cataluña al intento por tapar la corrupción y la crisis mal gestionada. No sería descabellado. Ni tampoco lo contrario.

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