Política y religión

AGUSTÍN DOMINGO MORATALLA

Hace unos días nos visitó el líder socialista Carlos García de Andoain. No vino a poner paz entre las diferentes familias del socialismo valenciano sino a impartir dos interesantes conferencias sobre la relación entre política y religión. Algunas agrupaciones locales del llamado 'cinturón rojo' lo invitaron porque saben la importancia que sigue teniendo el cristianismo entre los militantes que antiguamente se llamaban 'de base', es decir, aquellos que no están en órganos directivos y mantienen vivas las corrientes, familias o tradiciones de las agrupaciones socialistas.

También se le invitó al Centro Arrupe donde analizó el retorno de la religión a la agenda política. A su juicio, hay cuatro vectores que marcan la nueva presencia de las religiones. Por un lado, la religión como factor de demarcación entre civilizaciones, es decir, como elemento clave en el estudio de lo que Samuel Huntington ha llamado «choque de civilizaciones». En continuidad con este planteamiento diferenciador, las religiones se han convertido en un factor identitario clave en la sociedad de la información. Cuando la globalización y la tecnología de la información parecen homogeneizar todas las formas de vida, las religiones tienen un poder para generar identidades que no tiene ningún otro producto cultural.

La religión también se ha hecho presente por el análisis de los movimientos migratorios, de hecho, cuando las administraciones públicas se toman en serio la inmigración no tienen más remedio que acudir a expertos que les ayuden a gestionar la pluralidad de prácticas, costumbres, tradiciones, símbolos y credos. En este sentido, la voladura partidista de espacios públicos de formación e integración como el que se había creado en el propio Centro Arrupe y que el gobierno del Botánico suprimió nada más llegar, muestra que en estos temas el Presidente de la Generalidad ni está ni se le espera. Si el gobierno del Botánico hubiera creado la Dirección General de asuntos religiosos como se hizo hace años en Cataluña, ahora no tendrían que lamentarse por el hecho de que, con apenas el 18%, el último barómetro del Consell muestre que el pacto PSPV-Compromis no lo conoce 'ni Dios'.

Hay un cuarto vector relacionado con el papel de las confesiones religiosas en la polarización política: desempeñan un papel central en la gestión de valores posmaterialistas que también están presentes en las sociedades de modernidad avanzada. Sin atender a la tradición de Ronald Inglehardt que reivindica los elementos culturales, posmaterialistas e intangibles, cualquier proyecto político está condenado al fracaso. Es una pena que estos debates sobre la relevancia pública de las religiones no tengan el alcance parlamentario que se merecen, mostrarían que nuestra clase política está más preocupada por los proyectos de futuro que por rencores del pasado.

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