Podíamos haber copiado lo bueno

Estados Unidos ofrecía una amplia gama de productos en el escaparate, desde la unidad en torno a su bandera hasta la típica despedida de soltero

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

Hace poco vi 'American sniper', o, en castellano, 'El francotirador', la película que cuenta la historia de Chris Kyle, un militar perteneciente a los SEAL de la Armada de los Estados Unidos y que se convirtió en una máquina de matar, con centenares de víctimas gracias a su precisión en el disparo. El film presenta a un personaje excesivo, atormentado, con una vida privada que se resiente por sus continuas estancias en misiones bélicas. Un soldado que justifica sus acciones porque salvan vidas de sus compañeros de armas (lo cual es cierto) pero que al mismo tiempo ve enemigos en todas partes y que, curiosa y trágicamente, murió asesinado por un exmarine que sufría un grave trastorno psicológico tras haber participado en una campaña en Irak. El entierro de Kyle en Tejas fue una demostración de patriotismoa la americana, con miles de tejanos apostados en las cunetas de la carretera por donde pasaba el coche fúnebre camino del cementerioo para rendir homenaje al francotirador fallecido, a quien consideraban un heroe. Y muchos de ellos portando la bandera de los Estados Unidos, la de las barras y las estrellas. Una enseña que también está presente en los hogares, en esas viviendas de los suburbios de las ciudades (suburbio no con sentido peyorativo sino como indicador de las zonas que están alejadas del centro) y que tampoco falta en los grandes actos políticos, deportivos, culturales, sociales. Porque, en efecto, esos niños grandes que comen comida basura de manera casi compulsiva y beben cantidades industriales de Coca Cola, los americanos, los todavía dueños del mundo, sienten orgullo por su bandera y lo demuestran. Y no se avergüenzan de hacerlo ni de recordar a sus caídos en combate, de honrar la memoria de sus muertos, del signo que sean. Allí no hay debates sobre la consideración y el respeto que merecen víctimas como Miguel Ángel Blanco. Claro que, a pesar de ser dieciocho veces más grande que España y de que su historia como Estado es mucho más reciente, tampoco tienen problemas de independentismo. Bastante carga llevan con soportar a Trump, cabría añadir, pero ya ven, más territorio, más gente y todos unidos bajo una misma bandera. Aquí no, aquí ser progre (en algunos casos) consiste en ser antiespañol, en burlarse del patriotismo, en exhibir una bandera de un periodo trágico y de enfrentamiento civil. El patriotismo en España sigue siendo sinónimo de franquismo porque así lo ha querido cierta izquierda que identifica los valores nacionales con la dictadura. Podíamos haber copiado de los americanos ese patriotismo que no entiende de colores políticos, pero no, hemos preferido copiar otras cosas, desde la celebración de Halloween hasta las despedidas de soltero con viajecito del novio con amigos (todos vestidos igual) o de la novia con amigas (todas vestidas igual). Pudiendo haber copiado lo bueno, preferimos quedarnos con lo malo.

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