Podemos y las redes

JUAN CARLOS VILORIA

Seis de cada diez británicos asegura confiar en los medios tradicionales, frente a tan solo el 24 % que dan credibilidad a las redes sociales, según el Barómetro de la Confianza de Edelman. Otra reciente encuesta realizada en Francia detecta que la confianza se deposita en radio (56%) y en prensa escrita (52%). El público está muy fatigado de noticias falsas y propaganda y cada vez exige más informaciones fiables y verificadas. Después de los malos resultados electorales el 21-D en Cataluña la clase dirigente de Podemos ha intentado buscar el origen de sus males en el trato que reciben de «los profesionales del periodismo» y «la barrera mediática» que impide que sus propuestas y su agenda social lleguen a la ciudadanía. Pero más allá de juicios de valor sobre los negativos efectos electorales de la ambigüedad de la formación que dirige Pablo Iglesias respecto al nacionalismo independentista, lo cierto es que Podemos está empezando a sentir las repercusiones de una pérdida de credibilidad de la información que trasmite a través de las redes sociales donde este movimiento ha tenido, y tiene, uno de sus puntos fuertes.

Es llamativo que los líderes del movimiento populista y expertos en el manejo de las redes sociales estén quejándose amargamente de que los medios tradicionales no les compran la mercancía. Hay un reconocimiento implícito en Podemos de que por muchos millones de seguidores que hayan conseguido en Twitter, Instagram, Facebook, WhatsApp, Youtube, sus mensajes en lugar de ganar credibilidad, están siendo asumidos por la opinión pública como propaganda. Y la propaganda tiene sus ventajas electorales, pero también sus límites. «No es un trabajo que dependa solo de nosotros, también de los profesionales del periodismo», admitía Echenique. ¿Profesionales del periodismo? Ahora resulta que esta estrategia de convertir en 'periodistas' a todos los miembros activos de los Círculos y, en consecuencia, sustituir a los medios de comunicación «informando» al pueblo «directamente», era una más de las soluciones mágicas y simples de las que se alimenta el populismo.

No son la prensa y los medios profesionales los responsables del derrumbe de las expectativas electorales de Podemos y sus mareas. Es su propio discurso y su recetario difundido en las redes sociales lo que está decepcionando a una parte de su electorado. No se ganan elecciones controlando las redes sociales y la información por Internet con sus 'comandos' lanzando constantemente vídeos de propaganda, consignas, argumentarios o campañas de desprestigio del adversario político. Por mucho clima pre 68 que intenten recrear a través de las redes sociales sobre «el fin del régimen constitucional» o que «lo mejor está por llegar» si no tienen credibilidad no lograrán el impacto deseado. Y ese impacto lo quieran o no los dirigentes de Podemos todavía está asociado a los medios tradicionales.

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