Podemos no puede más

D. Burguera
D. BURGUERAValencia

Igual que los seis toros, seis. Ese mismo número de semanas han pasado desde que Podemos celebrase sus elecciones internas en la Comunitat y Antonio Estañ se convirtiese en el sustitudo de Antonio Montiel desbancando a la candidatura avalada por Madrid (que abanderó Pilar Lima) y la configurada por el círculo de confianza más cercano al líder saliente (encabezada por Fabiola Meco). Se echa de menos algún tipo de cambio, más allá de aquel propiciado por la sustitución de las cartelas en los despachos morados. En el Consell no tienen mal concepto de Estañ, pero reconocen que no han percibido ningún tipo de cambio en su relación con Podemos, que es bien escasa a tenor del pasotismo olímpico con el que el Palau de la Generalitat recibe las reacciones podemistas al balance del Ejecutivo valenciano respecto a sus dos años al frente de la Administración autonómica. Emitió el partido morado una nota en tono escéptico respecto a los logros loados por Ximo Puig y Mónica Oltra, lo cual fue acogido por el Consell como el «trabajo propio de los parlamentarios». Ciertamente, Podemos no es considerado por PSPV y Compromís como un socio, sino como un apoyo. Socialistas y nacionalistas saben que los podemistas no pueden hacer otra cosa que quejarse, poner mala cara y retirarse a sus aposentos enfurruñados pero sin capacidad de maniobra. ¿O es que la fuerza morada va a tumbar al Consell? No.

Para echar un órdago a grande hay que tener por lo menos dos reyes. Sentido común del mus. En el póker hay faroles. Es igual, hace falta tener algo, disponer de algún tipo de material para ejercer presión o, al menos, parecer temible.

Estañ llegó en mayo al poder aferrado al mensaje de que al Consell hay que exigirle más porque Podemos no había ejercido suficiente presión. Los chinos aconsejan exigirse mucho a uno mismo y esperar poco de los demás como receta para ahorrarse disgustos. Como los morados nunca se han sentido parte del Gobierno valenciano a pesar de firmar pactos botánicos, no les queda otra que no albergar expectativas que degeneren en frustración propia y de sus votantes. Visto lo visto, es una posición óptima para quien no quiera dar un palo al agua: no pueden hacer otra cosa más que quejarse, y hablar es gratis cuando tu interlocutor, la diana de tus dardos, no se da por aludido ni se ofende. Como en la sede morada de Madrid se considera, además, que el alfa y omega de la fuerza electoral de Podemos no llega más allá de Arganda del Rey, pues ser exigente con el Consell no supone otra cosa que fruncir el ceño mucho, mucho, realizar declaraciones más o menos cargadas y poco más. Al principio, el PSPV se enfadaba mucho ante las críticas podemistas, pero ya ni los socialistas se sienten exigidos. No se puede más.

Fotos

Vídeos