Plurinacionales

CÉSAR GAVELA

Casi todas las regiones de Europa son plurinacionales. La Comunidad Valenciana también lo es. Pensemos en los 300.000 ingleses que viven en la provincia de Alicante. Son de nacionalidad británica, y suponen el 7 por ciento de la sociedad. Es decir, suficiente demografía como para ser tenida en cuenta en un discurso plurinacional referido a la comunidad. ¿Y los rumanos? Ellos también serían una nación más de esa plurinacionalidad que tanto gusta a Pedro Sánchez, a Podemos y a otras gentes erráticas de la política estatal. Por cierto, los franceses también son una parte de esa macedonia valenciana. Y ya puestos, y aceptando la tesis de Pedro, los catalanes que viven en esta tierra también son otra nacionalidad. Y los andaluces. Y los ecuatorianos, los colombianos, los argentinos... Somos una realidad plurinacional y no lo sabíamos. Es curioso.

Ahora bien, esa obviedad no puede ser sometida al ridículo gesto de ponerle puertas al campo. Que es lo que pretende el señor Puigdemont, cada día más perdido, como su movimiento nacional bolivariano y antidemocrático, no solo anticonstitucional. Los plurinacionalistas están descubriendo el Mediterráneo, pero con mala uva. Y con peores objetivos. Están en la locura: las cosas ya llegaron ahí. Presionados por la CUP, el extraño partido que de una parte es antisistema y de la otra presa de un nacionalismo decimonónico embozado. Unos y otros llevan unos meses apretando el acelerador rumbo a la catástrofe. Y hacia la saludable y urgente inhabilitación de unos políticos cuyo comportamiento es propio de alguna república fascistoide del Asia Central o de esa ruina ética, social y económica que hoy es Venezuela. Cuyos mecanismos político-delictivos quieren copiar los secesionistas catalanes. Para fundar una república chavista en el corazón de Europa.

¿Se han vuelto locos los dirigentes independentistas? Eso parece, aunque ellos tienen su estrategia, su bizantinismo aceitado por juristas ambiciosos o resentidos, negadores de la evidencia más nítida de cualquier estado de derecho: el cumplimiento de la Constitución. A la que patean cada minuto.

Ni somos plurinacionales ni somos bolivarianos. En cuanto a la reforma constitucional, es difícil porque la mayoría de los españoles no la quiere. En todo caso, lo que importa es que se cumplirá la ley. Y no habrá referéndum. Y no seremos oficialmente plurinacionales. Somos un país de ciudadanos libres, aunque cada vez menos iguales por culpa del uso insolidario del autogobierno autonómico. Somos una vieja nación joven, invencible para los profesionales de la manipulación, el odio y el tedio. El insufrible tedio identitario. Que decrece en la misma proporción con la que aumenta empleo. Los decrépitos son ellos, los de la secesión. Y algunos, bastantes, empiezan a sospecharlo.

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