LA PLAZA

Cap i Casal

La reforma de la plaza de la Reina debería plantearse también por lo que no debe haber en ese espacio tan singular

Paco Moreno
PACO MORENOValencia

Hay un viejo truco periodístico en las entrevistas que consiste en un cuestionario a la contra utilizando la negación para que el personaje evite la tentación de irse por las ramas. Algo así como decir a un concejal que no ha conseguido culminar un proyecto determinado en todo el mandato, o mejor, que de eso lo acusa la oposición. Es ideal para crear tensión y sacar jugo a la historia. Esa es la idea que he querido aplicar para reflexionar sobre la plaza de la Reina que no quiero.

El Ateneo Mercantil acoge hoy a las 20 horas un más que interesante debate organizado por LAS PROVINCIAS sobre la reforma de esa plaza, adjudicada por el Ayuntamiento al equipo formado por Miguel del Rey, Mediterráneo Ingenieros S.A. y Arquitectura, ingeniería y Gestión S.L.P. Un reto apasionante para el que tienen cinco meses. En ese momento conoceremos el proyecto definitivo de lo que se hará.

Tiempo más que suficiente hasta entonces para debatir acerca de qué elementos indispensables debe contener ese espacio tan singular, el contrapunto ideal a la religiosidad que se respira en la plaza de la Virgen. O en mi caso, de los que no deben seguir.

El primer argumento es que no deseo que se haga por imposición. En estos tiempos donde el Ayuntamiento presume tanto de gastarse dinero en procesos de participación, ya hemos asistido a demasiados casos donde se esgrimen de manera interesada una serie de conclusiones que carecen de verdadero respaldo social. Y si para la plaza de la Reina va a ocurrir lo mismo, entonces mejor que el alcalde Joan Ribó presente en el pleno su propuesta, que para eso lidera la mayoría que gobierna este mandato.

Visto eso, no deseo que la reforma de la plaza de la Reina sirva simplemente para ordenar el caos actual, sino para decidir un orden de prioridades y, porqué no decirlo, trasladar algunos usos al entorno. Siempre hablamos de las paradas de la EMT, donde es claro que deben ser menos líneas las que lleguen a este lugar, pero hay otras cuestiones como el autobús turístico, la parada de taxis, incluso la de los coches de caballos. ¿De verdad es necesario concentrar todo eso en unos pocos metros cuadrados? Yo creo que no.

No deseo que aumente el número de terrazas de bares. Con lo que hay es más que suficiente y además no deberían invadir nunca el espacio central cuando se peatonalice. Ya sé que esta plaza es sobre todo turística, pero hemos visto varios casos de inversiones millonarias en la reforma de calles (léase las del Ensanche) donde los peatones tienen ahora menos espacio para caminar por la acera que antes. Urge un cambio en la ordenanza para, más allá del mínimo establecido de anchura en toda la ciudad, se concrete que después de este tipo de obras el paso no debe ser más estrecho que antes. El espacio público es un logro demasiado valioso para perderlo.

No deseo que la plaza de la Reina sea una inmensa explanada cual sartén donde los viandantes se frían los días de verano. Zonas de sombra, arbolado y si esto último no se puede por el aparcamiento subterráneo, entonces maceteros. Cuando te achicharras a uno le da igual que se pierda la perspectiva de un edificio por muy bonito que sea. Además, para eso están los toldos desplegables que en Valencia hace mucho calor.

No deseo una plaza barata. Es fácil confundir la austeridad con la mediocridad y este espacio requiere una memoria de materiales de la mejor calidad posible. No digo que el pavimento sea de mármol y las farolas con terminaciones de bronce, pero es una ocasión excepcional para crear una serie de elementos que se repitan después desde la calle Conde Trenor hasta Marqués de Sotelo, un eje que dé cohesión a las tres plazas más significativas de la capital.

No deseo que en la plaza de la Reina se sigan perdiendo referencias visuales por el cierre de comercios. Defiendo la libertad de mercado aunque creo que debe compensarse con más ayudas a los comerciantes y en el caso de la clausura no estoy de acuerdo en que los logotipos y colores de las multinacionales contaminen entornos monumentales de varios siglos de presencia. La ordenanza gráfica de Ciutat Vella para la publicidad no es suficiente.

No deseo que la reforma de la plaza de la Reina perjudique al Mercado Central, pero por la calle San Vicente no debe pasar tráfico privado de vehículos. Urge terminar y abrir el parking de la plaza Ciudad de Brujas para volver a la misma situación que había a finales de los años 80. Con cuidado y sin perjudicar a nadie, pero a este entorno la sobran coches.

Fotos

Vídeos