El plan 51 de Ximo Puig

PEDRO ORTIZ

A Vinaroz y a Benicarló fueron este fin de semana los consellers de la Generalitat Valenciana con sus carpetas llenas de planes. De planes, ejes, protocolos, observatorios, programas, apuestas, compromisos, líneas, agendas e iniciativas. Dicen que cinco por cada uno, lo que da cincuenta. Confieso que he leído cuáles son las iniciativas, sí he sido yo, y tras la hazaña me he quedado como el negro del sermón, con los pies helados y la cabeza caliente (y no es un chiste racista, sino, muy al contrario, otorga al negro la capacidad de saber que ni él ni los blancos han entendido el sermón aunque los blancos lo disimulen).

Cojo una muestra de la prédica del Consell: Sanidad creará un programa para combatir agresiones a sanitarios, impulsará la atención en municipios rurales remotos, mejorará '+Salut' y dará ayudas a consultorios. Sin ninguna especificación. Y qué bien, lo de '+Salut', que pocos saben qué es. No está solo: plan 'Pasea', programa 'Alberga+', agenda 'Avant', ley 'Trans', plan 'Uneix'... puede haber un conseller sin iniciativa, pero no sin neolengua.

Los propósitos del Consell pueden parecer ambiciosos, pero sobre todo son ambiguos e imprecisos. Por ejemplo, Justicia (con perdón por acortar el nombre) se ha comprometido a la «revisión de los protocolos de actuación en materia de violencia de género y la potenciación de las unidades de evaluación de riesgos; y (sic) a la elaboración del reglamento del Instituto Valenciano de la Memoria Democrática, los Derechos Humanos y las Libertades Públicas». Textual.

Este es otro: Educación «pondrá en marcha el Plan Director de Coeducación para la erradicación de las desigualdades entre hombres y mujeres y la transformación de la educación social». ¿El problema no era acabar con los barracones, que ahí siguen?

Pero todos los planes quedan ensombrecidos por el plan 51, tan difuso e indeterminado como los anteriores, pero mucho más temerario. Puig reclamará, afirma, una «reforma profunda» de la Constitución que se base en un modelo federal en la que las comunidades autónomas sean un «sujeto activo». En cuanto uno se descuida, Puig vuelve a lo suyo: el federalismo, a pedir más poder para las comunidades autónomas, que para eso Puig preside una. Puestos a querer arreglar España también podría proponer soluciones para las pensiones, la educación, la precariedad laboral, la ley electoral, el alejamiento de políticos y ciudadanos o, cómo no, la financiación autonómica, aunque para ello bastan cambios legales y de estilo en la política, pero no es necesaria la reforma constitucional. Como si la Constitución fuera un problema. Así, los 50 planes del Consell quedan ensombrecidos por el plan único del presidente, que quiere reformar la Carta Magna a partir de la comunidad autónoma, pese a los tiempos que corren. Es el aventurero plan 51.

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