UNA PIEL DE PLÁTANO

Álvaro Mohorte
ÁLVARO MOHORTEValencia

El martes por la mañana debió de ser un momento hermoso para Rafael Climent González. Al poner en la mesa del Consell su cartera con el letrerito de Conseller de Economía Sostenible, Sectores Productivos, Comercio y Trabajo ya había recibido algunas felicitaciones en el móvil y no pocos golpecitos en la espalda, pero lo mejor estaba por llegar.

Sus compañeros de Poder rompieron en aplausos cuando proclamó que el problema de los horarios comerciales había llegado a su fin. Tras dos años de infructuosas negociaciones, propuestas de corto alcance, preacuerdos frágiles como jarrones chinos y pleitos que terminaban en volteretas taurinas para la Administración valenciana, el primer ciudadano de Muro de Alcoy se complacía en ofrecer «el acuerdo más difícil de mi carrera», según sus propias palabras.

La vicepresidenta, Mónica Oltra, lo relataba con un punto de épica en la rueda de prensa posterior a la reunión que el martes celebró el ejecutivo. Igual que los miembros del claustro de la Universidad de Princeton entregan su pluma estilográfica al compañero que es laureado con un premio Nobel, Climent se llevó todos los parabienes... salvando las distancias. Para su pechera aún inmaculada tras dos años largos de gobierno, la condecoración dorada con corona de laurel descansaba en su cojincito de terciopelo rojo a la derecha de la mano del presidente Joaquín Francisco Puig Ferrer. El viento en las velas, el sol en lo más alto y firme el timón. ¿Qué podía salir mal?

Pues resulta que alguien, desde su rinconcito en el Observatorio del Comercio, no había salido tan contento de la reunión en la que se había optado por no votar, sino aprobar el acuerdo por aclamación. Los representantes de UGT y CC OO mandaban pocos minutos después de que se hiciera pública tanta celebración que «no, hija, no», que aceptar el pacto sería aceptar la apertura en domingo (aunque fuera sólo algunos domingos) y que sus equipos jurídicos estaban planteando su contraofensiva.

Otro tanto se anunciaba desde el MN4 en Alfafar, Cenicienta de este baile de las aperturas desde hace casi una década y que nunca ha podido beneficiarse de las ventajas que han tenido sus rivales en Valencia.

Rehén de sus palabras, el titular de estos quehaceres se había comprometido a sólo aceptar un acuerdo si era unánime y no terminaba en los tribunales. Así, como a Al Pacino en 'Atrapado por su pasado', quienes en otro tiempo fueron compadres, ahora se la liaba.

Con la zancada larga, el cuello estirado, los puños apretados y la meta a la vista, que alguien tire una piel de plátano puede preceder a un buen desastre para el que aspira a podio, especialmente cuando se soñaba con que tanto esfuerzo y renuncia a los propios principios podía lleva a una victoria, aunque fuera pírrica.

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