PESADILLA BLANCA

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

La naturaleza, según algunos, es un modelo de sabiduría, sin embargo en ocasiones dispara con bala y nos manda un tsunami, un volcán, unas inundaciones, un terremoto, una tanda de rayos que provocan incendios o unas nevadas que colapsan el tráfico en Segovia y congelan las iguanas de Florida para reducirlas al estado de plato precocinado tipo canelones exóticos.

Carezco de argumentos científicos para asegurar la actual raigambre del cambio climático. Yanquilandia tritura récords en cuanto a mínimas temperaturas y en Australia se achicharran. El frío nos muerde durante el invierno y cuando el verano nos derretimos. Existirán ciertas variaciones o tendencias, pero esto sigue igual. No es esta la única nevada que provocó una noche de blanca pesadilla para los viajeros atrapados. Recordamos varias. Lo que tampoco evoluciona, por desgracia, es el comportamiento de todos nuestros políticos según ocupen el poder o la bancada de la oposición. Los desastres naturales suelen ser la munición del bocazas y del mediocre, y en estos pecados todos son culpables. La normalidad deseada sólo se conseguiría primero arrimando el hombro, entonando un simple «oiga, esto es una situación de crisis, ¿cómo podemos ayudar?», y luego exigiendo responsabilidades una vez sorteada la catástrofe. Pero aquí nos abalanzamos contra la yugular del adversario a la primera ocasión porque el cortoplacismo es la única bandera que exhiben. Rajoy se puso flamenco y gallito cuando la nevada sorprendió al gobierno de Zapatero y ahora le devuelven aquel bofetón. Estos ejemplos de nobleza baturra son los que generan desconfianza entre el personal. Frente a la justicia cósmica, la justicia casposa de rencores enquistados. Volverá a nevar en los próximos inviernos y se repetirá la pesadilla porque nadie aporta remedios, sólo arrebatos.

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